Archivo de la categoría: Reflexiones del día a día

¡Hagamos grupo!

wassap

Aunque sé que a algunos lectores puedan sentirse afectados por mi reflexión, no puedo dejar de mencionar mi sentir frente a los grupos de “wassap”. Pero es que la verdad, a veces se puede convertir en un tema que se escapa de las manos.

Normalmente los grupos de mensajería instantánea suelen crearse con un fin específico: organizar un evento, mantener comunicación abierta con miembros de la familia o amigos, compañeros de estudios, colegas de trabajo, organizar una celebración o simplemente comprar un regalo, entre otros motivos que tengo en mente.

Si es por un tema específico, queda claro que una vez alcanzado el objetivo uno tendría todo el derecho a salirse del grupo sin mayor trámite ni dilación. No obstante y por razones del mismo sistema aparece un mensaje quasi aterrador: Fulano ha salido del grupo.

¡Dios mío! Eso puede convertirse en una cachetada para los que se quedan, o sembrar la preocupación en el resto de los miembros, o que alguien se pique y se sienta ofendidísimo. Es casi como una afrenta del medioevo. ¡Ah pucha! Si Zutana se salió, nos desprecia! ¡No quiere parar con nosotros! Igual se hubiera quedado, para lo mucho que comenta…. Seguro que nunca lee nuestros mensajes o sea que da igual… y un largo etcétera.

Pero es que la gente a veces “se malea” con el uso de los mensajes en grupo. Si la idea era ir a almorzar por algún motivo -el wassap sirve para las coordinaciones-  y una vez pasada la fecha sigo recibiendo varios mensajes y en estos abundan los chistes, los memes, las cadenas de oración, los videos que circulan por las redes (y te consumen la memoria del celular), las fotos del perrito de la abuelita del sobrino de tu cuñada que vive en Estrasburgo… pues a mí, “me vale madre” y me cansa. Luego, si es cumpleaños de alguno (y el grupo es medianamente numeroso) nos vamos a empujar varios mensajes con la misma cantaleta, y si se le muere un pariente… ni les digo!!! En verdad, mano al pecho señores, nadie puede tirar la primera piedra.

La operación de “Silenciar notificaciones durante…” no arregla nada, porque igual vas a recibirlos. Es un engaño.

salirse del grupo 2

Un grupo que resulta peligrosísimo es el de “Madres del colegio”. ¡¡¡¡Que Dios nos agarre confesados!!!! Suelen ser por lo menos unas veinte voces que intercambian información que varía desde las  tareas, los exámenes, los datitos, hasta meterle el raje al outfit de las profesoras. En verdad, os digo, uno ve de todo en las viñas del Señor.

O cuando a alguien se le ocurre meter en un solo grupo a todos sus contactos por temas de negocios o de mantener informados a todos, creyéndose San Martincito de Porres termina juntando a perro, pericote y gato, y la verdad me parece de mal gusto. En mi caso, en serio, tengo conocidos con los que no quiero hacer grupo.

salirse del grupo

Y la cosa puede complicarse, porque a veces, las personas que no son muy duchas en el manejo de la mensajería instantánea, o anda un poco distraída, confunde los mensajes y escribe algo en el grupo, que debería ir solo a un integrante de este.

De uno de los grupos que me salí ni bien me incluyeron fue el de mi promoción de colegio y lo digo públicamente, no es falta de cariño, te quiero con el alma, pero cuando vi el número de integrantes: 116 personas ¡¡entré en pánico!!

Que nadie se ofenda, razones sobran para salirse de un grupo y si alguien se quiere sentir ofendido, que sea, total… el que se fue, ya no se va a enterar.

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Respuesta a una hija viajera

 

hija viajera 1

Mi hija está de viaje a miles, MILES de kilómetros de distancia y resalto que ha pasado un par de jornadas en una zona considerada peligrosa -no puede salir a caminar ni en las cercanías del hospedaje- y yo, desde luego, inquieta.

Hace un tiempo atrás nos escribió una carta porque ella sentía que nosotros -sus padres- reflejábamos poco entusiasmo por sus viajes, sin tomar en cuenta que en nuestros corazones la ecuación iba así: primero viene la angustia y luego el entusiasmo. En los tiempos que se viven y con la información que se comparte sobre la violencia de género, los abusos, los secuestros, la trata de blancas, etcétera nos es fácil ser padres de una hija viajera y andar “fresh” por la vida:  ¡¡es complicado, joder!! ¡¡mi marido nos es Liam Neeson, pe!!!

Comparto con ustedes mi descargo, porque en mi casa, el medio escrito es una buena herramienta que hemos usado desde la infancia de los chicos, y sigue resultando.

………………………………………

Hija viajera querida:

Ser tus padres ha sido siempre un desafío, un orgullo, un deleite… pero a la vez, nos ha costado y nos cuesta enormemente –y seguro que es un tema universal con sus matices- cortar el cordón umbilical. No somos los únicos padres que son así, ahora ni en futuro.

Hija preciosa, somos extraordinariamente felices con tus viajes reales, con tus viajes intelectuales, con tus viajes emocionales, con tus viajes idealistas. Te lo hemos repetido siempre, estás hecha para volar.

Somos felices, pero no podemos evitar que el manto de sobre-protección aparezca como una barrera. ¿Lo hemos conversado con papi? Claro, hasta el cansancio, pero nos encontramos en un callejón sin salida, nuestro miedo a que te vaya a pasar algo enceguece nuestro entendimiento y efectivamente, nuestro entusiasmo. Nos volvemos torpes en la celebración de tu alegría.

La puerta del mundo está abierta de par en par y tú has salido con fuerza a tomar todo lo que te suma, a conocer nuevas culturas, a intercambiar conocimiento. Tú, tus amigas, tus compañeras y todas las chicas que hoy viajan sin miedos van por rincones que para nosotros nunca hubieran estado en nuestro horizonte a la edad que tienes.  Sé que también van con temores, pero su valentía se impone ante ellos. No obstante, disculpa la falta de entusiasmo,  no hemos estado preparados y te confieso, creo no estaremos.

Queda claro que nuestra hija viajera, como otras hijas viajeras, tiene pendiente cientos de sueños y destinos por alcanzar, porque ha dado rienda suelta a su espíritu intrépido  y lo confirma las grandes aventuras: escalar montañas, cruzar mares o enfrentarte ahora, a la ley de la calle o dormir en el medio de la selva rodeada de animales salvajes, periplos que has hecho y otros que están por venir. Pero recuerda, no hemos estado preparados y te confieso, creo no estaremos.

Por ello, no dejes de  enseñarnos, contagiarnos, inocularnos, compartirnos, no dejes de hacerlo. Aquilata los miedos y angustias con historias, fotos, anécdotas; recuerda, no hemos estado preparados, pero estamos aprendiendo a disimularlo bastante bien porque por sobre todas las cosas queremos ser pasajeros de tus viajes. 

Tus papás.

Seguramente muchos padres de ‘hijas viajeras’ leerán esta misiva y compartirán  algunos sentimientos: esa es la generación de mujeres que hemos criado y con mucho orgullo. Sin embargo, ser incoherente con lo que se predica y se siente, es natural. Así de complejos somos los padres.

pd1. Ya viene: Al desierto con Omar, texto pendiente desde el 2012!

Un gran familia, de palabra.

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A veces reflexiono sobre las palabras y el uso que le damos, ya sea de forma “correcta o incorrectamente” para comunicar lo que sentimos.

Se ha estudiado y escrito bastante sobre el sistema lingüístico, la norma y el habla que finalmente son términos científicos que contribuyen a investigar lo relativo al uso del lenguaje. No hay que estudiar una carrera vinculada a ese campo para detenernos por segundos pensando si escribimos bien o mal determinada palabra o si en un determinado contexto el uso de esta es aceptada (no digo que sea necesariamente correcto).

El lenguaje es, en su variedad, un campo riquísimo de para los giros, las familias de palabras, el uso de raíces, las modificaciones o simplemente dar rienda suelta a la pura creatividad.

Una palabra que siempre ha llamada mi atención es huevo y en español, tanto el vocablo como sus derivados enriquecen conversaciones  de todo talante. No sé a qué debe tanto requerimiento, ni el por qué del apego a esta palabra. Sin embargo, resulta interesante (y divertida)  darle una miradita al  crisol de posibilidades a los que seguimos abiertos de manera –repito- creativa.

Va la lista (tomar en cuenta la versión fonética y por ello verán que también uso la W)

Huevo: Cuerpo redondo u ovalado, con una membrana o cáscara exterior, que ponen las hembras de algunos animales y que contiene en su interior el embrión de un nuevo ser y el alimento necesario para que crezca. Lo ponen las aves, especialmente la gallina y se toma como alimento. (DRAE)

Huevos: tener coraje, vinculado originalmente a la masculinidad por similitud de la forma de los testículos.  Los jugadores dejan los huevos en la cancha. o Métele huevos al proyecto. 

Huevo: relación sexual. Confieso que me parece atroz cuando dicen que a una persona  le falta huevo. 

Un huevo: para referirnos a una cantidad enorme de elementos que conforman un conjunto. Tengo un huevo de trabajo. Agregamos el uso hiperbólico: Tengo un weeeeeeeeeeeeeeeeebo de cosas pendientes. Y económicamente Me debe un huevo de plata, o Vale un hueeeeeeeeeeeevo de dólares.

Huevear 1: término utilizado para definir el ocio, la pereza, el hacer nada. De ahí a rescatar: hueveo, webbing (navegando en internet). Hoy es domingo y voy a huevear todo el día.

Huevear 2: tratar de hacerse el vivo con alguien. ¿Me estás hueveando?

Huevas (webas): un zonzo. Las derivaciones de weberto, weber, las que destacan. Es tan webas que se le escapan las vacas.

Huevón: un zonzo elevado a la n potencia,  tal vez un pusilánime. ¡Eres un webón! o ¿tas webón?

Por las webas.  Hacer algo que no ha tenido ninguna trascendencia. ¿Me vas a decir que estudié toda la noche por las webas?

Hasta las webas: Estar un poco perdido en el universo o mal de salud. Estás hasta las webas con lo que acabas de hacer. / Me siento hasta las webas con esta fiebre. 

Wevada: algo sin valor, tontería. Déjate de webadas y dale una oportunidad.

Wong (que también podría entrar en nuestra relación) cierra con broche de oro con un producto que acaba de sacar. Les dejo la imagen.

dav

 

Pd. Eso de la familia de palabras me encanta; guardo en la memoria una anécdota ajena de un niño  de segundo grado que había armado una familia de palabras con la palabra goma: goma gomita, gomitar. 

Darme cuenta

bty

Cuando llega la edad severa es saludable tomar las cosas con dignidad, con la vana ilusión de que “aquí no pasa nada”. Es triste pero ocurre y ocurrirá porque lo inevitable es precisamente eso, inevitable. Si queremos retocar, maquillar, pues bien por ello; sin embargo, cerrar los ojos… no tiene nada que ver con que la personalidad (y no solo el cuerpo) carguen con el paso de los años y creo que mejor asumimos que hemos cambiado a convencernos de que seguimos siendo los mismos. No lo somos.

Bueno fuera que la vida se presentara como el cuento de Carpentier, Viaje a la semilla, pero eso es ficción, nos guste o no. Hace rato que el reloj cantó el Angelus, y el pasado meridiano (pm!) ha llegado con su minutero.

¿Cuándo me he dado cuenta de que ya pasó el mediodía?

Pucha, me he hecho la pregunta mil veces, y aunque escuchemos que los cantos de sirena dicen… que estás raaaaaaaaaaaaaaaaaaagia, que (para tu edad) estás muy bien, ese comentario ya viene maleado.

He contado con ayuda para esta lista, y me consuela pensar que hay más almas como yo. No somos pocos, por cierto.

  • Me doy cuenta de que ya pasó el mediodía cuando mi tolerancia se ha reducido enormemente. ¡Pucha!  Ya no estoy para aguantar eeeebadas…. Y si las aguanto, son porque realmente valen la pena.
  • Me doy cuenta cuando el médico que me trata es menor que yo, y que todos lo que lo hacían antes o ya no ejercen, o ya se murieron!!!
  • Me doy cuenta cuando yo trato de usted a quien me atiende y la criatura me tutea de buenas a primeras, y por ende… me jode. No puedo… es más fuerte que yo.
  • Me doy cuenta cuando me levanto de la cama o luego, de una silla y hay algún músculo de mi cuerpito latino que no se da por enterado de que ya tiene que empezar a funcionar.
  • Me doy cuenta cuando mi círculo de amigos se ha estrechado.
  • Me doy cuenta cuando asumo que me he vuelto muy selectiva y no me molesta en lo absoluto que en la selectividad del otro, no me incluya. Es más, me siento aliviada.
  • Me doy cuenta cuando necesito prestar el doble o el triple de atención cuando me enseñan a usar alguna tecnología nueva y así y todo, tengo que volver a preguntar al cabo de algunos días.
  • Me doy cuenta cuando me siguen pareciendo atractivos los actores que han envejecido conmigo y  no los rostros nuevos que ni siquiera sé cómo se llaman. (George, eres único y lo serás forever!)
  • Me doy cuenta cuando estoy más en la senda del “yaquechú” o el “alpinchismo” porque sin ser malcriada tampoco busco quedar bien con todo el mundo.
  • Me doy cuenta cuando a veces las “ganas” son mayores a los “puedos” pero he aprendido a no tomármelo tan a pecho… y por cierto ya me di cuenta  de que estoy envejeciendo porque la gravedad en ese “barrio” también ha hecho su propio trabajo.

Y tú, ¿ya te diste cuenta?

Involución

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Pintura al óleo, Patricia Laos

Se habla de la evolución de la raza humana. Ya Darwin había hecho lo suyo y luego, muchos científicos han pensado, investigado, comprobado y escrito sobre el tema. Pero cabe la gran pregunta: ¿es verdad que evolucionamos? ¿lo hemos hecho? ¿o en algún momento de la historia este proceso sufrió un quiebre y empezamos una marcha hacia atrás? ¿es un engaño, una falacia en la que hemos creído gracias a los avances tecnológicos? ¿qué somos los seres humanos al fin y al cabo, solo animales estancados?

Estamos involucionando cuando el dolor ajeno es eso, ajeno. Lo vemos a través de un cuadrado, de un papel y lo comentamos. Es ajeno, no nos toca.

Estamos involucionando cuando nos entretenemos con peleas, combates, juegos violentos, con la morbosidad del crimen; cuando queremos más, satisfacer nuestra malsana curiosidad y que nos cuenten, que nos cuenten.

Estamos involucionando cuando los niños crecen con miedo: cargan con los nuestros y adquieren los propios.

Estamos involucionando cuando no somos capaces de sacar valentía de donde sea y vemos,   normal no más, que pase y dejamos que pase.

Estamos involucionando cuando somos contradictorios y desechamos a las personas con más experiencia, cuyos consejos son valiosos porque su recorrido es más largo que el nuestro. No obstante, qué importa porque terminan siendo una carga, descartables.

Estamos involucionando cuando creemos en el culto al cuerpo y corremos por alcanzar lo que es estéticamente aceptado y no saludablemente adecuado.

Estamos involucionando cuando exigimos, exigimos, EXIGIMOS y no aportamos nada. Creemos que en el incremento de nuestros decibeles está nuestra ganancia.

Estamos involucionando cuando buscamos soluciones radicales que están en la copa de los árboles y no atacamos el tema de raíz.

Estamos involucionando cuando la violencia es justificada por un “merecido se lo tiene”, “se lo buscó”.

Estamos involucionando cuando le expresamos al otro nuestra solidaridad o nuestras condolencias, nuestra pena a través de una pantalla y no de una palabra dicha cara a cara, o un abrazo o un apretón de manos.

Estamos involucionando cuando los sistemas de comunicación mueven los hilos sociales y caemos en el juego de creer todo, cuando la post-verdad es la nueva religión. Los mitos están vigentes, creemos en todo. Zeus sigue siendo el rayo.

Estamos involucionando cuando no tenemos tiempo de nada.

Involución, así estamos.

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estatua

imagen: Anamaría McCarthy

 

Mañana es el día de San Valentín,
temprano, al amanecer,
y yo estaré en tu balcón;
tu enamorada seré!

(Ofelia, en “Hamlet”)

 

Cuando yo era niña no había nadie que celebrara esta huachafada llamada “San Valentín” que como comprenderán me eriza y me llega al perno. Los corazones, los ositos cariñositos, los paquetes románticos, las cenas, las copas de champagne con lacito y toda esa mermelada… al paredón!

Cada vez necesitamos mostrar de manera más efusiva, decorada de rojo y toda su familia cromática, salpicada de azúcar y florida como primavera esta marketera idea de que nos amamos,  esta sensación de que “love is in the air”  nos condiciona a pensar que entramos en un sistema que nos termina siendo ajeno y lejano. Seguramente cuando esto se publique, Facebook tendrá su marco hermoso para poner la foto que diga “Feliz día de la amistad o Happy Valentine”. ¡Por favor,  inyéctenme Gravol intramuscular!

Día de los Enamorados, donde se destila por litros la miel no utilizada a lo largo del año; donde todas las parejitas deciden salir al cine, a tomar helados, a comer, en una sola palabra: consumismo. Fecha en la que a partir de las 5 de la tarde, el tránsito se vuelve imposible pues las hordas de enamorados han decidido salir todas a la vez a ver el ocaso veraniego en el Parque del Amor. Cómo olvidar que algún gobierno anterior lo volvió feriado!! Por Dios!!!

En nombre del amor y del romanticismo cuánta ridiculez puede verse, y no es que yo sea una descreída del amor, por el contrario. Lo que ocurre es que la sensibilería me mata, causa estragos en mí. Amar no es una experiencia religiosa como diría el tarado de Enrique Iglesias, o las canciones del poeta de taxi: Arjona. San Valentín ni se iba a imaginar lo que en su nombre se haría. San Valentín ni se iba a imaginar cómo los hoteles de alta rotación harían el gran negocio en su honor, persígnate brother.

Ese romanticismo original, aquel que iba en búsqueda de  la libertad, aquel que deseaba darle rienda suelta a la imaginación, aquel que quería poner en el banquillo de los acusados a la Razón, aquel que predicaba la idea de sacar afuera todos los sentimientos hasta el más oscuro… ese Romanticismo artístico quedó sepultado en el pasado. Seguramente algunos rescatarán a Bécquer en una celebración como esta para mostrar su amor y de paso, su cultura y le recitarán a la persona amada “qué diera yo por un beso”…

Lo siento, pero yo mataría de nuevo a San Valentín y seguramente, me lo agradecería.

Y en “modo suicidio” aquí les dejo un regalito…

Din don, din don

 

Tiempo compartido

bty

Me gusta mucho tomar un café durante mis días de rutina donde trato de hacer todo a pie, suelo encontrar en mi camino las cafeterías queridas en donde me siento en mi zona segura e incluso tengo reservada, en mi mente, mi mesa favorita.  Disfruto ver pasar a la gente, revisar el periódico, leer la novela que cargo en la cartera, lo que venga.

En uno de esos días que se me antojó tomarme un capucchino me dirigía a tomar asiento cuando veo, por el rabillo del ojo izquierdo y en simultáneo movimiento, una chica de unos treinta años con el mismo objetivo que yo: la mesa. Tomó la silla mientras que yo tomaba la otra y al verme, en mi calidad de su mayor me miró con su  mejor sonrisa y exclamó: no se preocupe señora, siga no más. Yo busco otro sitio.

Entonces en esos arrebatos naturales, esos que suenan a yaquechú…  le dije: ¿y qué te parece si compartimos la mesa? Tú haces tu pedido, yo el mío y todos felices. Total, ¿qué podemos perder? A la vez pensaba, que lo que iba a ocurrir era obvio,  ella (y de paso yo) iba a zambullirse en el refugio moderno: el celular. Sin embargo, sorprendentemente no fue así.

Ella –María Noel Beretta- aceptó feliz mi propuesta.

Apenas terminamos de hacer nuestro pedido al mozo, que por cierto se sentía cómplice de la situación pues se había ganado con lo anterior, solté una pregunta para ver si la cosa fluía… ¿y qué haces por la vida? Y fluyó!

Mientras que me contaba que después de cinco años y medio regresaba a su patria, Uruguay, yo le iba hablando de mis clases y mi blog. Ella había trabajado para el consulado de su país, “salí de casa de mi padre para instalarme sola por primera vez y vivir a mi aire”. Dejaba Perú con pena pero feliz. Hablamos de Uruguay, de Perú, de la  música latinoamericana, de arte, de literatura, de lo que iba a hacer su último fin de semana en Lima y otras cosas más.

Pidió un sándwich con queso y mermelada, y hermosamente me ofreció una mitad que desde luego rechacé por elegancia. Prometí comerme uno luego en su nombre.

La conversación se extendió por unos cuarenta minutos, el café al paso se convirtió en una hermosa pausa, le sacamos a la vida una historia para guardar.  Guardada como los celulares que se quedaron en la cartera. Lo habíamos logrado sin mucho esfuerzo.

Antes de despedirnos intercambiamos correos. Al día siguiente recibí este que copio:

Estimada Claudia,

Fue un gusto conocerte el día de ayer!

Ahora tienes un contacto más en Uruguay o donde me toque estar el próximo destino, estaré feliz de volver a tomar un café contigo.

Maria Noel