Archivo de la categoría: Escenas de la vida conyugal

María y Juan, simples diferencias

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1. Mientras María retiene todo, los problemas, los recuerdos, el papelito, la servilleta, el líquido acumulado, la grasa en la cadera,  la celulitis, el rencor, ergo: retiene lo habido y por haber…porque todavía me acuerdo que hace cinco años, tres meses y cuatro días me dijiste que… En cambio, Juan suelta todo, resuelve el problema y lo descarta, lo da por terminado. Sin embargo puede que no guarde “recuerditos” pero muchos tienen colecciones enormes de cosas inimaginables. Yo tengo un Juan con hartos rasgos de María en este aspecto, gracias a Dios varios testigos para confirmarlo.

2. María es multifocal, puede hacer mil cosas a la vez, hablar, pensar, tejer, ver televisión y encima echarle un ojo al hijo. Pero cuidado, a veces por abarcar tanto se nos pueden estar escapando las vacas. Se dice que Juan es monofocal, si ve tele el resto del mundo no existe. Ojo, que puede simular que le presta atención a lo que María dice, pero desconfíen de ello. Algunos Juanes argumentan que con la tecnología empieza a descubrir cierta posibilidad de hablar del multi tasking pero no le daría mucha fe. Del mismo modo, como esa premisa es realmente histórica muchos se esconden inteligentemente tras esa tara mental cuando lo que ocurre es que le llega al perno lo que María está diciéndole y la ignora, tan simple como eso.

3. Las Marías resolvemos nuestros conflictos hablando, dándole vueltas, compartiendo con otras Marías, analizamos, y encima a veces ni los resolvemos, los terminamos complicando… Los Juanes en cambio, resuelven sus conflictos en silencio y recién cuenta lo que les pasó cuando este ya esté resuelto, o no lo cuentan nunca. Es más, se perturban cuando María les insiste en : Amorcito, pero cuéntame que te pasa… Error garrafal: no va a contar, al menos en lo inmediato. Mejor es esperar. Lo interesante es cuando ELLOS toman la iniciativa de contarlo, eso ya es otra cosa. Curiosamente, las Marías ponemos cara de circunstancia para que él nos pregunte si nos pasa algo… y seguiremos con esa cara… porque son pocos los que preguntan… porque adivinen cuál será la respuesta en tono sufriente “…mmm nada, no me pasa nada”. Él, obviamente, asume que efectivamente es así y no pregunta más…

4. Algo que siempre me ha llamado la atención es que cuando las Marías llegan a la adultez, suelen dejar de jugar: ¿se ve seguido a alguna adulta jugando jaxes, por ejemplo?. Ellos en cambio, siguen con sus partiditos de fútbol. He aplaudido siempre esa diferencia y la envidio enormemente. Alguien dirá que las María también se reúnen a jugar cartas, por decir algo, pero sí hay una diferencia fundamental. Como dijimos en el punto (2) , juegan pero a vez conversan, chismean, pero falta “sudar la camiseta”.

 

5. Las Marías, tenemos la “insanía” de no saber valorarnos. De estar pendientes de lo que dicen de nosotras, de preocuparnos de cómo lucimos y encima de minimizar las alabanzas. Los Juanes, auténticos, les llega altamente… son orgullosos per se.  Hasta con su guata chelera se sienten sexies, si no se han afeitado… más… ¿nosotras?

De hecho, estoy es una generalización bien básica… pero está ahí, en nuestro disco genético, sea social, sea antropológico, sea genérico…. como quieran llamarlo. Igualmente, hay muchos Juanes con comportamientos de Marías porque la crianza de ciertas generaciones ha venido con cambios reales y tangibles; por otro lado, muchas Marías  han adquirido la practicidad de los Juanes.  Tal vez esto se aplica en la vida laboral pero si lo miramos bajo el microscopio es porque María siente la exigencia de comportarse como Juan.
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María y Juan, de compras

centro comercial

Antes de empezar a escribir este post, quiero aclarar que estas reflexiones se basan en la observación detenida de cualquier pareja escogida al azar, un día que fui sola de compras.

Si bien es cierto, cualquier Juan que lea esto o cualquier María, puede sentir cierta identificación total o parcial de la situación. Sin embargo, puede que tengan otro modus operandi o ello se regule de acuerdo a la tienda o a lo que se compre. Las escenas que presento ante ustedes son promedio.

María va a hacer compras y convence a Juan de que la acompañe “un ratito” nada más. Primera ingenuidad. Aquí, los ratitos ya no existen. Ya sea por el tráfico, por la cantidad de gente que siempre está en las tiendas, o porque a pesar de que hay cuatro cajas registradoras juntas solamente atienden en una. ¿Me equivoco? ¿Alguna vez han tenido el privilegio de ver operativas todas las cajas a la vez? Muy peruano eso de ratito, momentito, segundito, apuradito…Me encanta.

a) Si van a una tienda por departamentos puede ocurrir que María tenga alguna idea de lo que quiere comprar. Pero sumamos la segunda ingenuidad: antes de llegar a su objetivo, se le cruzan otros objetivos no contemplados en su plan de acción. Una blusa más, otro color de polo, un pantalón por siaca, unos calzones que están de oferta. Surge la pregunta interna ¿qué vine a comprar? Perdón, ¿ y Juan? ¿dónde está Juan? Juan anda parado en un rincón, mudo, obnubilado por las innumerables escenas dubitativas de María en las que le pregunta con tono lastimero: ¿me queda bien? ¿amor, lo compro? Y él, con un gesto innato de resignación le dirá: claro… si te gusta…Tercera ingenuidad: aquí no hay anuencia, no hay aceptación. Solo hay que leer entre líneas e interpretar: para qué &%%$& me vine acá…o apúrate….o para mí todos son iguales…..o le queda como el pedo, pero cómo se lo digo.

Mientras que ella sigue decidiendo, Juan  acude a su salvavidas: el celular, se queda en pausa contemplando la pantalla. Cuando se cansa, puede que encuentre a otro Juan en su misma posición y cruzan miradas con una sonrisa solidaria de dos desconocidos que se encuentran bajo la tormenta y sin paraguas.

b) Si van a un supermercado. Aquí la cosa cambia. Juan toma por asalto el carrito de compras y NO LO SUELTA!!! Es el cetro de su poder.

Es el mismo poder de Gracecole: https://www.youtube.com/watch?v=3E9NLREnR-0.

No importa qué haga, con quién se encuentre, a quien salude, qué se detenga a escoger: el carrito es suyo y solo suyo. María tiene que ir al punto de encuentro, carga pechugas (las del pollo), jamón, queso, pan, deja en el carrito; va por la lejía, el detergente y busca a Juan… y al carrito para seguir caminando tras ellos . Un solo ser. Dos manos aferradas a un mango rojo como su corazón.

María ve a lo lejos a este ser híbrido casi mitológico.  En su mente visualiza la imagen de un centauro, un solo ser: mitad hombre/mitad….carrito de compras.

3d human in a shopping trolley

imagen de “juego de compras”