Una aventura que sigue y prosigue

No puede existir una celebración por el Día del Maestro sin pensar en los estudiantes. Ellos son, en su esencia, la razón de ser del trabajo que se realiza.

En los últimos años tengo el privilegio de trabajar con alumnos de todas las edades. Los rangos van entre los diecinueve y los ochentaicuatro años. Podrán ustedes imaginar los temas de conversación, el intercambio de ideas, las risas, las confidencias que van surgiendo cada semana y el aprendizaje privilegiado que yo recibo cuando ellos comparten sus propias reflexiones. A ellos va mi agradecimiento y mi homenaje.

A veces pienso que realmente no sé si les enseño pero lo que sí creo es que los ayudo a re-conocer el mundo con otras herramientas. El placer de mi jornada laboral sigue teniendo ese mismo sabor disfrutado cuando he sido profesora en una academia, en una universidad o en un colegio.

Hace unas semanas atrás, con uno de los grupos,  desarrollé el tema del Vanguardismo y se me ocurrió hacer un ejercicio que resultó sumamente interesante.

Los invité a realizar un “cadáver exquisito”: un tipo de técnica/juego utilizada especialmente por los seguidores de André Breton en el que los jugadores escribían por turno en una hoja de papel. Luego la doblaban para cubrir lo que habían escrito  y  pasaban el papel al compañero. Cada uno empezaba una historia nueva, en total teníamos varios textos, en prosa y en verso.

En el Día del Maestro quisiera compartir con ustedes dos resultados espectaculares, escrito a seis manos. Insisto e insistiré siempre, que la mayor felicidad de un profesor consiste en ser testigo de los alcances de sus alumnos.

PRIMER CADÁVER -cada cambio de letra corresponde al cambio de mano-

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 SEGUNDO CADÁVER 

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Cuando el misterio se develó y leí los resultados no podíamos salir de nuestro asombro.  Decidimos que estos dos eran los ganadores del ejercicio colectivo. Un gran experimento, dos cadáveres recontra exquisitos, un deleite del que hasta Breton habría disfrutado.

Gracias queridos alumnos porque semana a semana me siguen permitiendo compartir.

Gracias porque dan sentido a mi vocación.

Nada ni nadie ha podido empañar lo logrado. En algunos meses cumpliré treintaicinco años en este camino y todavía siento mariposas en el estómago antes de empezar cada sesión. Por eso, celebro con todos ustedes el seguir regocijándome con esta aventura de ida y vuelta: enseñar y aprender.

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