Tal vez lo sepan, tal vez no.

 

bty

Todas las  madres vivimos a sobresaltos.

Confieso que desde que nacieron mis hijos (y en ambos casos)  lo primero que me invadió fue un miedo enorme de no saber qué cosa iba a hacer, una desazón que me llevaba a chequear si estaban respirando o el martilleo de la gran pregunta –sin respuesta- ¿por qué lloran? ¿Tendrá hambre, frío, dolor, angustia, necesidad de afecto? No quiero caer en los clichés contando las horas sin dormir y las lavadas de pañales (sí, recuerden que lavamos pañales), el destete, el hacer cola para comprar las latas de leche Gloria (sí, la leche en polvo era impagable).

Tal vez ellos lo sepan, tal vez no pero los primeros años pareciera que no se acababan nunca, caray!

La historia continuó con la aparición de la propia voluntad, cada hijo con la suya, cada niño con su carácter; a pesar de que la crianza es la misma (¿¿es la misma??), los resultados pueden ser diametralmente opuestos. Energías diferentes, respuestas diferentes, tiempos diferentes, desarrollos diferentes. Hablar, callar, gatear, trepar, andar, correr, saltar, tirarse, llorar, patalear, reír, reír, reír.

Tal vez ellos lo sepan, tal vez no, pero la risa de mis hijos siempre ha sido, es y será el mejor remedio para mi alma atribulada.

¿Dudas, miedos, ausencias, errores, desilusiones, culpas, culpas, la maldita culpa cuando he tomado decisiones desacertadas, he dicho algo que les ha dejado huella, he dado órdenes que configuraron su carácter para siempre, los he obligado a enfrentar la vida incluso  sin armas, los he sobre protegido en demasía en otras?

Tal vez ellos lo sepan, tal vez no, pero el amor no justifica todo lo que cabe en la pregunta anterior. El amor que guió mi mano para educarlos no siempre fue un buen lazarillo, a veces me abandonó en una insensata ceguera.

Tal vez ellos lo sepan, tal vez no, pero como toda madre de hijos adultos los sigo viendo como niños, mis niños.  Me he dado cuenta de que Gibran exageraba cuando decía que tus hijos son hijos de la vida… creo que me la creí:  estos hijos son míos señor Gibran (y de su padre, valgan verdades) pero convénzanme  usted de que son de la vida, si la Vida no los parió, si la Vida no los alimentó con dolor (maldita mastitis). No es un reclamo, don Kahlil, es una afirmación absoluta con el respeto que usted merece.

¿Acaso la Vida llora cuando ellos lloran, sufre cuando ellos se sacan la mierda, disfrutan cuando ellos alcanzan sus sueños, ama más la Vida cuando ellos tienen el corazón pleno? ¿Acaso la Vida les dice yo ya lo sabía, te lo dije, espero que ahora me entiendas,  por dónde andas, ayúdame, te pido un favorcito, te quiero…?

¿Acaso la Vida siente incertidumbre o calla cuando ellos toman decisiones y una se angustia en silencio o le entornan disimuladamente los ojos cuando les molesta alguno de  mis comentarios o desearon tener otra madre que no fuera yo? En casi veintiocho años de este quehacer cotidiano he pasado por esto, y creo que muchas madres también.

Tal vez ellos lo sepan, tal vez no.

Señor Gibran, estos hijos de su madre (y no de la vida)  y tal vez ellos lo sepan, tal vez no,  siguen siendo míos (bueno Juan Carlos, nuestros, pero asume que un poquito más míos que tuyos, lo siento pues creo que la gestación me da un plus en el asunto). Lo sé.

Los amo, los sufro, los aguanto, los cuido, los jorobo, los ayudo,  los “quiero matar”, los aliento, los malcrío, los molesto, los aplaudo, los agobio, los defiendo, los ahuyento, los atraigo, los alegro…

Ellos tal vez lo sepan, tal vez no.

 

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