Qué difícil es lo fácil

 

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Mira Schelden, sin título

He rescatado del olvido el pasaje de una novela que habré leído hace unos ocho años atrás, pero por lo visto no está muy lejano del presente inmediato.

“-¿Por qué es tan difícil vivir en este país?

-A veces he pensado que es debido a que hemos dejado de zurcir los calcetines – le dijo.

Ella lo miró inquisitivamente.

-Lo digo en serio- siguió él-. Cuando yo era pequeño, era todavía un país en el que uno zurcía sus calcetines. Yo aprendí incluso en la escuela cómo se hacía. Luego un día, de pronto, se terminó. Los calcetines rotos se tiraban. Nadie remendaba ya sus viejos calcetines. Toda la sociedad se transformó. Gastar y tirar fue la única regla que abarcaba de verdad a todo el mundo, seguro que había quienes se empecinaban en remendar sus calcetines. pero a estos ni se les veía ni se les oía. Mientras este cambio se limitó sólo a los calcetines, quizás no tuviera mucha importancia. Eso se fue extendiendo. Al final se convirtió en una especie de moral, invisible pero siempre presente. Yo creo que eso cambió nuestro concepto de lo bueno y lo malo, de lo que se podía y lo que no se podía hacer a otras personas, todo se ha vuelto mucho más duro. Hay cada vez más personas, especialmente jóvenes de tu edad que se sienten innecesarias incluso indeseadas en su propia sociedad. Y ¿cómo reaccionan? Pues con agresividad y desprecio. Lo más terrible es que además, creo que estamos solo al principio de algo que va a empeorar todavía más. Está creciendo una generación ahora, que van a reaccionar con más violencia aún. Y ellos no tienen el menor recuerdo de que, en realidad hubo un tiempo en el que uno se remendaba los calcetines. Un tiempo en el que no se usaban y tiraban ni los calcetines ni las personas.”

Interesante, preocupante… alarmante… Vivimos en un sistema que se dedica a hacer reglas que se rompen en un dos por tres, un sistema que se ha vuelto inmune a la corrupción, a la pobredumbre de corazón, pareciera que estamos sin antídoto.

“Si funciona para mí, es suficiente”, parece la consigna.

Nuestros hijos crecen en una atmósfera donde no se reflexiona sobre nada. Pero hay que insistir en el valor intrínseco de las cosas, hay que reforzar la toma de  conciencia del esfuerzo que se necesita para hacer lo correcto; no bajemos los brazos, no es tarde. Nunca es tarde.

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