Archivos Mensuales: marzo 2018

Darme cuenta

bty

Cuando llega la edad severa es saludable tomar las cosas con dignidad, con la vana ilusión de que “aquí no pasa nada”. Es triste pero ocurre y ocurrirá porque lo inevitable es precisamente eso, inevitable. Si queremos retocar, maquillar, pues bien por ello; sin embargo, cerrar los ojos… no tiene nada que ver con que la personalidad (y no solo el cuerpo) carguen con el paso de los años y creo que mejor asumimos que hemos cambiado a convencernos de que seguimos siendo los mismos. No lo somos.

Bueno fuera que la vida se presentara como el cuento de Carpentier, Viaje a la semilla, pero eso es ficción, nos guste o no. Hace rato que el reloj cantó el Angelus, y el pasado meridiano (pm!) ha llegado con su minutero.

¿Cuándo me he dado cuenta de que ya pasó el mediodía?

Pucha, me he hecho la pregunta mil veces, y aunque escuchemos que los cantos de sirena dicen… que estás raaaaaaaaaaaaaaaaaaagia, que (para tu edad) estás muy bien, ese comentario ya viene maleado.

He contado con ayuda para esta lista, y me consuela pensar que hay más almas como yo. No somos pocos, por cierto.

  • Me doy cuenta de que ya pasó el mediodía cuando mi tolerancia se ha reducido enormemente. ¡Pucha!  Ya no estoy para aguantar eeeebadas…. Y si las aguanto, son porque realmente valen la pena.
  • Me doy cuenta cuando el médico que me trata es menor que yo, y que todos lo que lo hacían antes o ya no ejercen, o ya se murieron!!!
  • Me doy cuenta cuando yo trato de usted a quien me atiende y la criatura me tutea de buenas a primeras, y por ende… me jode. No puedo… es más fuerte que yo.
  • Me doy cuenta cuando me levanto de la cama o luego, de una silla y hay algún músculo de mi cuerpito latino que no se da por enterado de que ya tiene que empezar a funcionar.
  • Me doy cuenta cuando mi círculo de amigos se ha estrechado.
  • Me doy cuenta cuando asumo que me he vuelto muy selectiva y no me molesta en lo absoluto que en la selectividad del otro, no me incluya. Es más, me siento aliviada.
  • Me doy cuenta cuando necesito prestar el doble o el triple de atención cuando me enseñan a usar alguna tecnología nueva y así y todo, tengo que volver a preguntar al cabo de algunos días.
  • Me doy cuenta cuando me siguen pareciendo atractivos los actores que han envejecido conmigo y  no los rostros nuevos que ni siquiera sé cómo se llaman. (George, eres único y lo serás forever!)
  • Me doy cuenta cuando estoy más en la senda del “yaquechú” o el “alpinchismo” porque sin ser malcriada tampoco busco quedar bien con todo el mundo.
  • Me doy cuenta cuando a veces las “ganas” son mayores a los “puedos” pero he aprendido a no tomármelo tan a pecho… y por cierto ya me di cuenta  de que estoy envejeciendo porque la gravedad en ese “barrio” también ha hecho su propio trabajo.

Y tú, ¿ya te diste cuenta?

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Hoy, no hay más.

METAFORAS Oct 2010 015

imagen de: Cecilia Arróspide

Salgo a caminar, dos hombres sentados en el sardinel de la vereda.

La calle solitaria.

Uno me mira de pies a cabeza, mantiene fija la mirada.

Cuando estoy a punto de pasar a su lado comenta algo con el compañero, ambos me miran pasar. Me ven el cuerpo, fijan la mirada. Uno se levanta y se acomoda la entrepierna del pantalón.

Me siento asqueada, mantengo silencio, tengo miedo.

Acelero el paso.

Tan simplemente jodido. Tan simplemente asqueroso.

No es un día, un solo maldito día… ocurre todos los días, ocurre HOY.