#StVal**+#)#%

estatua

imagen: Anamaría McCarthy

 

Mañana es el día de San Valentín,
temprano, al amanecer,
y yo estaré en tu balcón;
tu enamorada seré!

(Ofelia, en “Hamlet”)

 

Cuando yo era niña no había nadie que celebrara esta huachafada llamada “San Valentín” que como comprenderán me eriza y me llega al perno. Los corazones, los ositos cariñositos, los paquetes románticos, las cenas, las copas de champagne con lacito y toda esa mermelada… al paredón!

Cada vez necesitamos mostrar de manera más efusiva, decorada de rojo y toda su familia cromática, salpicada de azúcar y florida como primavera esta marketera idea de que nos amamos,  esta sensación de que “love is in the air”  nos condiciona a pensar que entramos en un sistema que nos termina siendo ajeno y lejano. Seguramente cuando esto se publique, Facebook tendrá su marco hermoso para poner la foto que diga “Feliz día de la amistad o Happy Valentine”. ¡Por favor,  inyéctenme Gravol intramuscular!

Día de los Enamorados, donde se destila por litros la miel no utilizada a lo largo del año; donde todas las parejitas deciden salir al cine, a tomar helados, a comer, en una sola palabra: consumismo. Fecha en la que a partir de las 5 de la tarde, el tránsito se vuelve imposible pues las hordas de enamorados han decidido salir todas a la vez a ver el ocaso veraniego en el Parque del Amor. Cómo olvidar que algún gobierno anterior lo volvió feriado!! Por Dios!!!

En nombre del amor y del romanticismo cuánta ridiculez puede verse, y no es que yo sea una descreída del amor, por el contrario. Lo que ocurre es que la sensibilería me mata, causa estragos en mí. Amar no es una experiencia religiosa como diría el tarado de Enrique Iglesias, o las canciones del poeta de taxi: Arjona. San Valentín ni se iba a imaginar lo que en su nombre se haría. San Valentín ni se iba a imaginar cómo los hoteles de alta rotación harían el gran negocio en su honor, persígnate brother.

Ese romanticismo original, aquel que iba en búsqueda de  la libertad, aquel que deseaba darle rienda suelta a la imaginación, aquel que quería poner en el banquillo de los acusados a la Razón, aquel que predicaba la idea de sacar afuera todos los sentimientos hasta el más oscuro… ese Romanticismo artístico quedó sepultado en el pasado. Seguramente algunos rescatarán a Bécquer en una celebración como esta para mostrar su amor y de paso, su cultura y le recitarán a la persona amada “qué diera yo por un beso”…

Lo siento, pero yo mataría de nuevo a San Valentín y seguramente, me lo agradecería.

Y en “modo suicidio” aquí les dejo un regalito…

Din don, din don

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s