Archivos Mensuales: febrero 2018

Involución

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Pintura al óleo, Patricia Laos

Se habla de la evolución de la raza humana. Ya Darwin había hecho lo suyo y luego, muchos científicos han pensado, investigado, comprobado y escrito sobre el tema. Pero cabe la gran pregunta: ¿es verdad que evolucionamos? ¿lo hemos hecho? ¿o en algún momento de la historia este proceso sufrió un quiebre y empezamos una marcha hacia atrás? ¿es un engaño, una falacia en la que hemos creído gracias a los avances tecnológicos? ¿qué somos los seres humanos al fin y al cabo, solo animales estancados?

Estamos involucionando cuando el dolor ajeno es eso, ajeno. Lo vemos a través de un cuadrado, de un papel y lo comentamos. Es ajeno, no nos toca.

Estamos involucionando cuando nos entretenemos con peleas, combates, juegos violentos, con la morbosidad del crimen; cuando queremos más, satisfacer nuestra malsana curiosidad y que nos cuenten, que nos cuenten.

Estamos involucionando cuando los niños crecen con miedo: cargan con los nuestros y adquieren los propios.

Estamos involucionando cuando no somos capaces de sacar valentía de donde sea y vemos,   normal no más, que pase y dejamos que pase.

Estamos involucionando cuando somos contradictorios y desechamos a las personas con más experiencia, cuyos consejos son valiosos porque su recorrido es más largo que el nuestro. No obstante, qué importa porque terminan siendo una carga, descartables.

Estamos involucionando cuando creemos en el culto al cuerpo y corremos por alcanzar lo que es estéticamente aceptado y no saludablemente adecuado.

Estamos involucionando cuando exigimos, exigimos, EXIGIMOS y no aportamos nada. Creemos que en el incremento de nuestros decibeles está nuestra ganancia.

Estamos involucionando cuando buscamos soluciones radicales que están en la copa de los árboles y no atacamos el tema de raíz.

Estamos involucionando cuando la violencia es justificada por un “merecido se lo tiene”, “se lo buscó”.

Estamos involucionando cuando le expresamos al otro nuestra solidaridad o nuestras condolencias, nuestra pena a través de una pantalla y no de una palabra dicha cara a cara, o un abrazo o un apretón de manos.

Estamos involucionando cuando los sistemas de comunicación mueven los hilos sociales y caemos en el juego de creer todo, cuando la post-verdad es la nueva religión. Los mitos están vigentes, creemos en todo. Zeus sigue siendo el rayo.

Estamos involucionando cuando no tenemos tiempo de nada.

Involución, así estamos.

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estatua

imagen: Anamaría McCarthy

 

Mañana es el día de San Valentín,
temprano, al amanecer,
y yo estaré en tu balcón;
tu enamorada seré!

(Ofelia, en “Hamlet”)

 

Cuando yo era niña no había nadie que celebrara esta huachafada llamada “San Valentín” que como comprenderán me eriza y me llega al perno. Los corazones, los ositos cariñositos, los paquetes románticos, las cenas, las copas de champagne con lacito y toda esa mermelada… al paredón!

Cada vez necesitamos mostrar de manera más efusiva, decorada de rojo y toda su familia cromática, salpicada de azúcar y florida como primavera esta marketera idea de que nos amamos,  esta sensación de que “love is in the air”  nos condiciona a pensar que entramos en un sistema que nos termina siendo ajeno y lejano. Seguramente cuando esto se publique, Facebook tendrá su marco hermoso para poner la foto que diga “Feliz día de la amistad o Happy Valentine”. ¡Por favor,  inyéctenme Gravol intramuscular!

Día de los Enamorados, donde se destila por litros la miel no utilizada a lo largo del año; donde todas las parejitas deciden salir al cine, a tomar helados, a comer, en una sola palabra: consumismo. Fecha en la que a partir de las 5 de la tarde, el tránsito se vuelve imposible pues las hordas de enamorados han decidido salir todas a la vez a ver el ocaso veraniego en el Parque del Amor. Cómo olvidar que algún gobierno anterior lo volvió feriado!! Por Dios!!!

En nombre del amor y del romanticismo cuánta ridiculez puede verse, y no es que yo sea una descreída del amor, por el contrario. Lo que ocurre es que la sensibilería me mata, causa estragos en mí. Amar no es una experiencia religiosa como diría el tarado de Enrique Iglesias, o las canciones del poeta de taxi: Arjona. San Valentín ni se iba a imaginar lo que en su nombre se haría. San Valentín ni se iba a imaginar cómo los hoteles de alta rotación harían el gran negocio en su honor, persígnate brother.

Ese romanticismo original, aquel que iba en búsqueda de  la libertad, aquel que deseaba darle rienda suelta a la imaginación, aquel que quería poner en el banquillo de los acusados a la Razón, aquel que predicaba la idea de sacar afuera todos los sentimientos hasta el más oscuro… ese Romanticismo artístico quedó sepultado en el pasado. Seguramente algunos rescatarán a Bécquer en una celebración como esta para mostrar su amor y de paso, su cultura y le recitarán a la persona amada “qué diera yo por un beso”…

Lo siento, pero yo mataría de nuevo a San Valentín y seguramente, me lo agradecería.

Y en “modo suicidio” aquí les dejo un regalito…

Din don, din don