Archivos Mensuales: enero 2018

Tiempo compartido

bty

Me gusta mucho tomar un café durante mis días de rutina donde trato de hacer todo a pie, suelo encontrar en mi camino las cafeterías queridas en donde me siento en mi zona segura e incluso tengo reservada, en mi mente, mi mesa favorita.  Disfruto ver pasar a la gente, revisar el periódico, leer la novela que cargo en la cartera, lo que venga.

En uno de esos días que se me antojó tomarme un capucchino me dirigía a tomar asiento cuando veo, por el rabillo del ojo izquierdo y en simultáneo movimiento, una chica de unos treinta años con el mismo objetivo que yo: la mesa. Tomó la silla mientras que yo tomaba la otra y al verme, en mi calidad de su mayor me miró con su  mejor sonrisa y exclamó: no se preocupe señora, siga no más. Yo busco otro sitio.

Entonces en esos arrebatos naturales, esos que suenan a yaquechú…  le dije: ¿y qué te parece si compartimos la mesa? Tú haces tu pedido, yo el mío y todos felices. Total, ¿qué podemos perder? A la vez pensaba, que lo que iba a ocurrir era obvio,  ella (y de paso yo) iba a zambullirse en el refugio moderno: el celular. Sin embargo, sorprendentemente no fue así.

Ella –María Noel Beretta- aceptó feliz mi propuesta.

Apenas terminamos de hacer nuestro pedido al mozo, que por cierto se sentía cómplice de la situación pues se había ganado con lo anterior, solté una pregunta para ver si la cosa fluía… ¿y qué haces por la vida? Y fluyó!

Mientras que me contaba que después de cinco años y medio regresaba a su patria, Uruguay, yo le iba hablando de mis clases y mi blog. Ella había trabajado para el consulado de su país, “salí de casa de mi padre para instalarme sola por primera vez y vivir a mi aire”. Dejaba Perú con pena pero feliz. Hablamos de Uruguay, de Perú, de la  música latinoamericana, de arte, de literatura, de lo que iba a hacer su último fin de semana en Lima y otras cosas más.

Pidió un sándwich con queso y mermelada, y hermosamente me ofreció una mitad que desde luego rechacé por elegancia. Prometí comerme uno luego en su nombre.

La conversación se extendió por unos cuarenta minutos, el café al paso se convirtió en una hermosa pausa, le sacamos a la vida una historia para guardar.  Guardada como los celulares que se quedaron en la cartera. Lo habíamos logrado sin mucho esfuerzo.

Antes de despedirnos intercambiamos correos. Al día siguiente recibí este que copio:

Estimada Claudia,

Fue un gusto conocerte el día de ayer!

Ahora tienes un contacto más en Uruguay o donde me toque estar el próximo destino, estaré feliz de volver a tomar un café contigo.

Maria Noel

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Un bis

Disculparán mis fieles lectores, pero más de una voz me ha sugerido refrescar una vieja publicación: a ellos, me debo.

No sé si los campeonatos de tennis lo puso de nuevo en el foco, pero para no desilusionar al respetable, aquí lo tienen. Disculparán lo coloquial y despreocupado del post, pero es lo que es.

Creo que para muchos resulta obvio que los hombres tienen un grave problema con sus calzoncillos. A pesar de ser una prenda interior que también ha ido evolucionando con la moda, pasa algo: porque  – al menos a mí-  me seguirá llamando la atención el desparpajo y la libertad con la que se lo acomodan. Tengo que aclarar en lo inmediato que no me paso la vida observando la zona pélvica masculina, lo que ocurre es que tanto niños como adolescentes y adultos deben acomodarse el calzoncillo al menos unas tres o cuatro veces al día. La gran mayoría no tiene el menor reparo en hacerlo delante de cualquiera, bajo cualquier circunstancia.

Body builder  -Anamaría McCarthy-

-Body Builder-Anamaría McCarthy

Analicemos algunas posibles causas:

  • La calidad del elástico se desgasta, la parte posterior se suelta y hay que arreglarla.
  • No llegan a encontrar exactamente la talla que les acomoda y siempre se equivocan… el hombre no conoce su cuerpo tanto como las mujeres y de hecho comprar ropa interior no es una actividad en la que pongan especial cuidado. Ergo, no le atinan con la talla y a veces, les aprieta. Ello va de la mano con:
  • Se les encoge (la prenda interior, desde luego).
  • Los genitales se les desacomodan.
  • El más simple: les pica y buscan alivio, es decir: se rascan (perdón, pero no tengo otra manera de decirlo).

Tengo un grupo de maravillosos amigos a los que acudo cuando me asaltan este tipo de dudas existenciales. Coincidieron con mis hipótesis. Era obvio. Sin embargo, PP me dio una explicación al mejor estilo de Sheldon (Big Bang Theory). Cito:

Yo creo que es puramente geométrico y termodinámico, tienes un elemento colgante que debe por naturaleza ser enfriado y al estar emplazado entre dos piernas:a) no le dan el espacio suficiente, y b) no tiene un  mecanismo de enfriamiento adecuado. Desgraciadamente desde el punto de vista de la protección tenemos el riesgo de que los genitales sean golpeados, hay que protegerlos y por ende los pones en una posición de acceso restringido. La conclusión es que los hombres tienen que constantemente agarrarse los genitales porque desgraciadamente nunca están del todo bien acomodados o lo suficientemente refrigerados. Por ello,  inconscientemente, entramos en un proceso constante de reacomodación.

una imagen tan conocida...

Otro iluminado varón, quizás menos académico, me decía que un detallazo fundamental era que nosotras nunca entenderíamos todo el proceso  porque nunca tendríamos una sensación similar, cito : ¡es como tener la teta metida en la axila!  La verdad es que no creo que esa sea una excusa totalmente justificada que les dé luz verde para acomodarse a diestra y siniestra.

Bueno caballeros, a nosotras también se nos desacomoda el calzón y tenemos que acudir a Dios y su ayuda para solucionar el impase de la manera más delicada y disimulada posible. De lo contrario, nos aguantamos y nos quedamos con la prenda atracada en la raya, casi en calidad violatoria hasta poder desatracarlo  Atracadas pero dignas. Lo más probable es que luego busquemos otro modelo/talla que nos acomode.  Y ojo, si hay escozor, se usa alguna crema y se aguanta, eso de rascarse en público: ¡por favor!

Ahora, si ya tienen un tic o movimiento convulsivo involuntaria no tengo nada que decir. Pero ayudaría, sin duda, revisar qué tipo de calzoncillos usan.

Somos los mismos

night

Me encanta coleccionar todos los deseos que las personas colocan en las redes sociales durante el fin de año. No faltan, desde luego, los que brindan por la salud, el dinero y por supuesto, el amor. La buena vibra, que se vaya lo malo, que venga lo bueno y todo lo que se relacione con tener fe, las cosas van a mejorar. No enumero las cábalas porque no acabaría nunca, pero a mí me gusta hervir una olla con limones y canela.

Cuando el año avanza, y no quiero ser aguafiestas, el entusiasmo suele decaer, empezamos a tocar tierra y a darnos cuenta de que esos grandes deseos los recibimos por goteo, nos son esquivos o peor aún, nos castigan con su desprecio. Incluso, más de uno pensará que lo han “ojeado” o que le han caído las siete plagas de Egipto porque termina siendo un año en el que le pasa de todo. Supongo que los países también se sienten así; pueden tener –literalmente- millones de habitantes rezando y prendiendo velas pero tras cuernos, palos: huaycos, inflación, frío, hambre, conflictos, desigualdades, mezquindades, corrupción… y disculparán que no siga la lista pero es mi primer post del año… y tampoco, tampoco.

Sin embargo, seguimos poniendo nuestros ojos en la salud, el dinero y el amor, porque llegará. “La plata llega sola” dicen algunos. “A todos los quiere alguien, aunque sea el gato”, dicen otros y el consabido “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista”, que en lo particular tiene una conclusión horripila, ahí se los dejo.

Pero todos tenemos algo guardado en nuestro corazón. Pertenecemos a esa raza que sigue creyendo en los mitos, en historias que deben tener unos treinta siglos de antigüedad por aventurar una fecha cercana, seguimos creyendo, necesitamos hacerlo para seguir parados en la cancha a pesar de todo, a pesar de TODOS.

La caja de Pandora se abrió hace siglos; no obstante seguimos abrazados a lo que quedó en el interior: aferrados y encadenados a la esperanza.

Vivamos este 2018 aferrados a lo último que queda….