Archivos Mensuales: mayo 2017

Lo falso, lo apócrifo

Hace un tiempo atrás circuló un texto llamado “La marioneta…”  atribuido a Gabriel García Márquez. Habrá sido en el 2005 diciendo que como al autor colombiano le habían diagnosticado cáncer linfático había decidido escribir ese testimonio creativo. En ese entonces, al menos a mí, me llegó en un power point musicalizado, recontra meloso.

Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente. Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría “te quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes. Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré.

Luego, el propio GGM se vio obligado a  dar una declaración pública diciendo que él sería incapaz de escribir una cosa tan espantosa como esa… cito: “Lo que me puede matar es que alguien crea que escribí una cosa tan cursi. Esto es lo único que me preocupa“.

Borges no ha contado con tanta suerte. Aparecieron estos poemas póstumos en algún momento que por años dieron vueltas por ahí diciendo que eran de su autoría: InstantesDime y Aprendiendo. La verdad es que los tres pueden tener una gran aceptación, finalmente poesía hay para todos los gustos.

Dime por favor donde estás 
en qué lugar puedo ser tu ausencia 
dónde puedo vivir sin recordarte, 
y dónde recordar, sin que me duela. 

Dime por favor en qué vacío, 
no está tu sombra llenando los centros; 
dónde mi soledad es ella misma, 
y no el sentir que tú te encuentras lejos. 

Dime por favor por qué camino, 
podré yo caminar, sin ser tu huella; 
dónde podré correr no por buscarte, 
y dónde descansar de mi tristeza. 
(….) 
Dime por favor cuál es la noche, 
en que vendrás, para velar tu sueño; 
que no puedo vivir, porque te extraño; 
y que no puedo morir, porque te quiero.

Pero finalmente, aquí no importa quién lo haya dicho primero, quién es el autor, o si queda bien una firma o la otra. Lo que importa es el mensaje. Claro, que un nombre conocido siempre le da cierta autoridad pero igual, y quizás por eso circula y circula y falsamente admiramos o nos conmovemos con las palabras de un determinado autor.

Sin darnos cuenta en el día a día, más allá de poner una frase simpática en el Facebook, un buen poema, la cita destacada de una obra también hacemos lo mismo y sin querer (queriendo) ponemos frases en boca de autores equivocados.

 

Esto me lleva a una segunda reflexión más mundana.

Salvando distancias a todos les gusta las historias apócrifas, entiendo por este término “lo que no es auténtico o no es obra de la persona a la que se atribuye”

−¿Sabías que X ha dicho que Y odia a Z?

−Y, ¿quién te lo dijo, X?

−No, yo no hablo con X, pero Fulana me lo contó de buena fuente.

−Y ¿crees que X habrá dicho realmente eso?

Obvio, ya sabes, si Fulana me lo ha jurado, que a ella le ha contado un íntimo, pero no se lo digas a nadie, ah?

Y bla bla bla.

Vivimos en una sociedad apócrifa, donde muchas veces valoramos más, mucho más la historia antes que la verdad porque es más entretenida.

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¿Quién hizo a quién?…

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Isla Negra, 1998

Fui  madre relativamente joven, a los treinta años los dos habían llegado a mi vida y no tenía la menor idea de lo que iba a funcionar y no iba a hacerlo durante su crianza. Yo no soy buena o mala madre, soy lo que ellos han hecho de una mujer medianamente educada, medianamente leída, medianamente juiciosa y medianamente intuitiva.

¿Qué tipo de madre ha hecho de mí Micaela?

Micaela despertó en mí una valentía desconocida y una paciencia insospechada.  Fue una niña llorona y pataletera y me enseñó con creces a respirar hoooooondo antes de decir o hacer algo que la pudiera marcar de por vida. Me adiestró a reírme de sus chistes malos, a celebrar cumpleaños, a minimizar errores. Su paciencia me ha hecho más paciente, su alegría me ha hecho más alegre, su discreción me han hecho más respetuosa y su directa sinceridad me han movido el piso siempre. Todavía me cuesta acompañarla sin preguntar, pero entiende que ha construido justamente una madre que sigue aprendiendo de sus “pruebas/errores”. Y sobre todo, me obligó a entrenarla como mujer empoderada, defensora de sus ideales, a repetirle cada día que el tamaño no hace al héroe sino la grandeza de sus actos.

¿Qué tipo de madre ha hecho de mí Alejandro?

Alejandro hizo de mí una madre guerrera desde que decidió salir al mundo a los seis meses de embarazo y tuve que mantenerlo bajo control. Arriesgado como es, me enseñó a correr riesgos, a preocuparme menos por el “qué dirán”. Me retó siempre a contestar las preguntas más inusitadas que se le podían cruzar por la cabeza y a darme cuenta de que no podía manejarlo todo. Los niveles de paciencia alcanzados con su hermana subieron en grado superlativo y sus “por qué” me dieron la habilidad de explicar cada una de mis órdenes… me convirtió en un ser más analítico. Con él aprendí a formularle preguntas que me dieran respuestas más desarrolladas que un simple: chévere, sí, no, no sé…  Todavía me cuesta acompañarlo sin hablar, a entender su silencio, todavía sigo aprendiendo de su humor negro y me sigo sorprendiendo de su capacidad de razonar. Me obligó a entrenarlo como un hombre que sabe respetar un “no”, a enseñarle a valorar el trabajo y a repetirle cada día que el tamaño no hace al héroe sino la grandeza de sus actos.

Ambos impidieron contraer la ceguera del amor maternal predicando que tenía hijos perfectos. Por el contrario, he reconocido sus yerros y he aplaudido (y lo sigo haciendo) de pie sus aciertos.

Hay dos frases fundamentales que han configurado mi vida en los últimos años. La primera: si no sueltas no podrás agarrar cosas nuevas. La segunda: algunas decisiones no se toman en un día adecuado, se toman cuando tienes los huevos para hacerlo.

Saquen sus conclusiones cuál es de quién.

Soy madre, soy de ellos, soy su hechura. Sin ellos, no tendría el título… ni huevo, ni gallina. Solo “mamá”.