Archivos Mensuales: abril 2017

#mellega

Descanso ll 30 x 30 cm

Imagen de: Cecilia Arróspide

Confirmo y reconfirmo que con la edad o si quieren que suene mejor con la cantidad de vueltas que damos alrededor del Sol, hay cosas que aguanto menos y otras, que increíblemente, me resbalan y no me afectan en lo absoluto.

En los tiempos que corren, rodeados de desastres, de egoísmo y que la intolerancia está a la vuelta de la esquina siento que dentro de mí crece un #mellega producido por varias situaciones.

Mi pentálogo catártico #mellega , queda corto… pero no los quiero agobiar.

  1. #mellega los prepotentes, los que meten el carro, los que no saben usar el “por favor”, los que se meten en la cola, los que piensan que subiendo la voz tienen más poder, lo que manejan a la gente sobre la base del miedo especialmente cuando la jerarquía social les da poder per se.
  1. #mellega los que jalan agua para su molino, los que buscan aprovechar la menor oportunidad para quedar como héroes,  los que no pueden ser anónimos y alardean, los que te preguntan cómo estás solo para quedar bien,  los que se golpean el pecho e impostan la voz para aparecer como salvadores de la patria. Por sobre todo, #mellega el hipócrita, #mellega, #mellega.
  1. #mellega la gente tóxica, la que inventa historias, la que se pone siempre de víctima, la que es incapaz de ver más allá, la que solo escucha una parte  y da por hecho que todas  las cojudeces que le dicen son verdad, la que sabotea las relaciones humanas, la que tira caca al ventilador para joder a todos, la que después de difamar a alguien no se hace responsable de lo que dice, no da la cara y se pone una máscara de asombro, #mellega.
  1. #mellega la gente que no sabe lo que es ser un humano, porque cree que la humanidad radica en ser heterosexual, en ser macho, en tener plata, en tener estudios, en tener carro, en ser blanco, en ser religioso,  en tener hijos,  en ser soberbio, en saber cómo “sacarle la vuelta a la situación” jugando sucio,  en ganar, en ganar y no importa cómo.
  1.  Y por encima de todo, #mellega el que se aprovecha del esfuerzo ajeno, #mellega el angurriento, el que no paga sus impuestos, el que no formaliza a sus trabajores para no gastar (por decir lo menos) el que quiere tener más sin importar a quien machaque o a quien sangre, o a quien perjudique… #mellega el corrupto, #mellega el corrupto, #mellega el corrupto, #mellega el corrupto, #mellega el corrupto, #mellega el corrupto.

A ti, ¿qué tellega?

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Condenada por mi culpa, por mi gran culpa

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He esperado que decanten un poco las neuronas para poder hilvanar mis ideas y escribir estas palabras. Tenía la sensación  meses atrás que algo andaba mal en mí. Tenía miedo. Las cosas habían empezado a ser distintas y por momentos mi cerebro me hacía malas pasadas. Me sentía como cuando uno busca un antiguo documento en su computadora con la lupita y pasan minutos decisivos en ubicarlo. Mis amigos me consolaban diciendo que también les pasaba lo mismo, que era un tema de estrés.

Mientras tanto yo sucumbía en lo que calmaba mis angustias, en lo que me daba un oasis, una paz interior, me refugiaba en mi sofá en silencio absoluto en una de las cosas que aprendí pronto a hacer: leer.

Y en eso vino, poco bienvenida,  la devastadora sentencia: la lectura produce Alzheimer. Entendí. Qué terrible, qué futuro, que cercano el final.

Me di cuenta entonces que durante años había sido verdugo de mí misma; una suicida por gotero, cada página recorrida desde aquel lejano cuento infantil que leí sola por primera vez Piel de asno de Perrault hasta el Homo Sapiens de Harari. ¡Dios! Todos los personajes tan cercanos resultaban siendo una maldición desde Jane Eyre hasta Lizbeth Salander, desde el cuento del chanchito precavido que construyó su casa de ladrillo hasta el inolvidable Aureliano Buendía.

Ay de las lecturas clandestinas, ay de las lecturas iluminada de linterna cuando me mandaban a dormir, ay de la novela que mi madre me prohibió, ayes por doquier.

Pero no solo eso. Los profesores hemos contribuido a inocular el bichito de la lectura en cientos de alumnos que se defendían a capa y espada, que no querían leer, que buscaban resúmenes en “El rincón del vago” para hacer sus trabajos, sin darse cuenta de que a su vez también estaban leyendo. A lo mejor alguno sí lo sabía y justamente esa era la razón por la que nos hacía la guerra y resistía, resistía.

A su vez, hemos formado transmisores terribles de este “síndrome”, fomentando la escritura en el aula: esos maravillosos espíritus creadores que vuelvan sus sueños, sus fantasías, sus demonios, sus vivencias en un objeto letal: el libro.

Pido perdón a mis alumnos por mi ignorancia, pido perdón porque parte de su deterioro mental será mi culpa, pido perdón a mis hijos y a mi marido a quienes torturé con recomendaciones, regalos y comentarios. Perdón a mis amigos. Vuestro detrimento cerebral será un poco mío.

Supongo que la vida se encargará del cobro. He decidido acelerar el proceso para sufrir menos por lo que tomaré grandes dosis de páginas escritas de todo tipo. Bienvenido sea el verbo LEER.