Archivos Mensuales: febrero 2017

…del bullying al cariño

 

El diccionario de la Real Academia define la palabra apodo como: nombre que suele darse a una persona, tomado de sus defectos corporales o de alguna otra circunstancia. Curioso, pues hace hincapié a los defectos corporales. Yendo a ello, entonces, debo asumir de entrada que mi glorioso metroymedio de estatura es pues, un defecto corporal.

Durante toda mi niñez y adolescencia, cosa que seguramente le ha pasado a todos aquellos individuos que como yo, genéticamente son de baja estatura, recibí un mil apodos. El clásico chata por el que me llaman mis amigos más cercanos vino ya hacia la adultez.  Antes fui mosquito, hormiga, hormiga atómica, chinchón de suelo, jinete de cuy, pulga (ese me duró años), nicin -nicincuenta centímetros- y me resigné a pensar que ello sería inevitable. Algunos me jodieron, me dolieron,  otros me parecieron muy creativos y aprendí a ver quién y cómo me lo decían. Sin embargo, hubo uno que guarda una historia especial.

Cuando estábamos en segundo de primaria llegó al salón una alumna nueva, venía de otro colegio porque a su hermana mayor la habían expulsado y por lo tanto, su mamá había decidido mover de golpe a la dos. Buena fama, entonces acompañaba la llegada de M. Me imaginaba que no debía ser fácil llegar a un salón de cuarentaicinco galifardos y que todos te miraran como bicho raro y tomé la iniciativa de hacerme su amiga. M se integró inmediatamente y fue una más de la promoción al toque.

Un buen día, un sobrenombre nuevo llegó a mi vida:  Petipán. Hacía referencia, desde el luego, a ese personaje que aparecía en “El tornillo”, programa cómico de la época. Justo Espinoza encarnaba a este pequeño individuo al que todos buleaban, pegaban, maltrataban y hacían la vida imposible. No recuerdo quien vino con la “chapa” y durante varias semanas me dieron duro con ella. Y lo digo abiertamente, me dieron duro porque además de baja era gordita, entonces no solo era Petipán el actor, sino también me sentía como pan que abundaba en las mesas de los lonches de las tías – bien relleno de pollo-. Les juro que me estoy muriendo de risa ahora que escribo, pero confieso que al principio me jodió.

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El cuento es que M también formaba parte del coro que de cuando en vez me decía eso y reía; sin embargo, un buen día empezó a decirme Peti y lo decía con tanto cariño, cariño de amiga sincera y transparente que cuando llegamos a segundo de media, ella era  de las pocas que lo seguía usando. Es más, creo que la única. Tanto, que ese año en el cuaderno de recuerdos que tenía me dejó un autógrafo que decía: “Para Peti con mucho cariño, tu amiga M” acompañado de un dibujo muy gracioso.

Por curiosas e irónicas circunstancias de la vida que no me parecen adecuadas ventilar aquí, M no regresó al año siguiente. Más aún, luego nos perdimos de vista durante un largo largo tiempo y nos volvimos a reencontrar cuando ambas ya teníamos nuestras respectivas familias. Y claro, lo primero que me dijo cuando nos fundimos en un maravilloso abrazo fue: ¡Peti, estás igualita!.  

Qué sabor de infancia, qué calidez en un apodo que dicho con tanto cariño me había regresado a una época idílica.

Hoy veo a M al menos una vez a la semana, al recuperarla como amiga -porque confirmo lo valioso que es recuperar a las amigas que el tiempo a veces se ha llevado por otros caminos- también recuperé una etapa en donde alguien supo hacerme entender que a veces los apodos duros, pueden ser usados con cariño.

pd. No puedo dejar de agregar un apodo que mis alumnos lo decían a mis espaldas y luego lo hice mío: Edna Moda ¡tremendo personaje!

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Déjame ir (post largo)

llamada-telefonica

Foto de Anamaría McCarthy

Primera estancia

Me llegó un Estado cuenta del Banco XYZ de una tarjeta de crédito que tenía refundida en algún cajón. Es una tarjeta que nunca he usado ni usaré. El documento indica que tengo una deuda de 136 soles. ¿Concepto? Membresía anual, mora por no haber realizado el pago a tiempo y obviamente, envío físico del Estado de Cuenta.

Tomo aire, respiro. Pienso: okey, ¿en qué momento caí en la mora? No recuerdo que haya llegado una notificación anterior. ¿Se lo di a JC para que lo pague? ¿Lo boté pensando que era una vez más publicidad? En fin, asumo la culpa, por ello iré personalmente a pagar y de paso cancelo esta tarjeta que está refundida en el cajón, puesto que es una tarjeta que nuncaheusadoniusaré.

Segunda estancia

Voy al banco, calladita y en postura zen realizo el pago, he podido cancelar antes esta tarjeta pero en fin, pagaré al malayo banco la cuenta para que no me siga “moreando” y caiga en este círculo vicioso tan natural del sistema,  pagar por algo que nuncaheusadoniusaré.

Le digo a la señorita de ventanilla que cómo haríamos para cancelarla, que no me interesa mantenerla, porque es una tarjeta que nuncaheusadoniusaré.  Inmediatamente viene la pregunta de ley: ¿por qué? Pues porque no quiero tenerla, porque nuncaheusadoniusaré y pago por las puras una membresía. Uso el artilugio de que mi esposo ya tiene una tarjeta de crédito con el banco y que para qué tener dos. Entonces me ofrece una tarjeta mejor para el susodicho, golder-silver-black con tasa whatever de interés anual, la quinta esencia llevada al máximo. Educadísima de mí, entre una mezcla del dedo meñique de la Holler con el manual de Carreño, agradezco y le digo que voy a consultar con mi marido (debe ser al estilo Letona que dice ser sumisa en el hogar… o algo así). Aquí tiene mis datos señora, por si necesita asesoría/muchas gracias señorita/ tiene que hacer la cancelación por banca telefónica/muchas gracias señorita y que tenga buena semana.

Tercera estancia

Llamo a la línea indicada, sabiendo que hasta que llegue a comunicarme con un ser humano pasará un buen tiempo. Pero como suelo hacer en estas oportunidades, adivinaron, me pongo zen. Para qué me voy a amargar, para qué me voy a intoxicar, para qué voy a perder la paciencia si ya sé lo que me espera. Marque el 8, marque el 4, marque el 2, marque el 9, marque el csm 1. Sigo zen y no pierdo mi centro.

¡FASTEN SEAT BELTS y acompáñenme!

– Buenas tardes lo saluda Mxmxm Dfoie –porque además nunca llego a captar el nombrecillo de estos personajes de atención al cliente- ¿en qué lo podemos ayudar?.

-Buenas srta NN. Llamo porque quiero cancelar la tarjeta de crédito.

-¿Se debe a alguna razón en especial?

-(respuesta preparada porque era obvia la pregunta) Efectivamente puede saberlo, es una tarjeta que nuncaheusadoniusaré y que además estoy pagando la membresía inútilmente.

-Nos sentimos muy apenados por ello. Pero le explico, siempre es bueno que tenga una tarjeta en caso de emergencia.

-Gracias, pero ya comparto una tarjeta con mi marido (vil mentira) y es más, ya tengo una oferta muy interesante de la señorita que me atendió en el banco para revisar. (jojolete te la hice!!!!)

-Como le dije, nos sentimos muy apenados que decida dejar la tarjeta pero le explico, usted puede coordinar con el banco para que en caso de no usarla se le condone la membresía y la renueve año a año sin problema.

-Gracias, pero como le dije, no me interesa conservar la tarjeta que nuncaheusadoniusaré. No vale la pena tenerla por las puras –sigo en fase zen pero me siento un poco débil, flaqueando diría. Como YA le dije, quiero cancelarla.

-Nos sentimos muy apenados con su decisión. Pero como le acabo de explicar, conservarla no le va a causar ningún perjucio, porque bla bla bla (se las sabía todas)

-Gracias –sigo educada- pero vamos, le propongo algo, no me siga insistiendo porque no me va a convencer y las dos vamos a acabar en mala onda por algo que puede ser tan simple: me cancelas la tarjeta y pasamos un buen fin de semana.

-Entiendo señora, pero el banco se siente muy apenado de que usted cancele esa tarjeta. ¿Me podría indicar los motivos?

-Ya se los dije, es una tarjeta que nuncaheusadoniusaré.

-Entiendo, pero habrá otras razones que la motiven a cancelarla?

-A ver, digamos que motivos emocionales, subjetivos,  tener en el cajón una tarjeta que nuncahesusadoniusaré no va conmigo. (aquí caes güey! cede, cede, no me obligues a perder mi centro, que estoy a un poquito de hacerlo, te lo juro… )

-…..mmm, subjetivos? ¿cómo que subjetivos?

-… respira Claudia, respira, respira…. A ver mi reina,¿¡¿¡¿¡te la quieres dar de terapeuta o qué?¡?¡?¡?¡? –lo siento, no podía defraudarlos- …. Ommmmmm,  p o r f a v o r cancela la tarjeta y cada una hará su vida. Déjame ir. Pero ya!

-Espere, por favor.

Finale

Minuto 20, minuto 25, minuto 27, minuto 30, minuto 34.

-Señora, ¿sigue en línea?

– Sí, he sobrevivido para nuestra despedida.

-Todo listo, le reitero que nos sentimos muy apenados de que haya decidido cancelar su tarjeta. ¿Tendrá otra consulta por hacer?…

– Solo una cosita final, me siento muy apenada. Adiós.