Archivos Mensuales: agosto 2016

Nombres propios

Los seres humanos tenemos códigos que muchas veces son amicales, familiares, locales, regionales, así podemos observar que algunos de ellos tienen una fuerte influencia en la comunicación lingüística (y no lingüística).

En ese escenario pienso en ciertas palabras que son políticamente incorrectas pero que no están consignadas como tales en los diccionarios. A lo más se identifican como “americanismos” por ejemplo y todos los –ismos que corresponden a los diferentes países.

He escrito en ocasiones anteriores sobre los términos que utilizamos para llamar a ciertas partes del cuerpo, en vez de usar las correctas que en muchos casos las personas tenemos resistencia de pronunciarlas. Esto quizás por pudor, por tabú, o simplemente por convencionalismos que perteneces a tuna tradición ancestral de nuestras comunidades.

Hace poco me pasaron esta hermosa imagen que se había publicado en Facebook.

panocha

Tal vez este nombre propio a ustedes no les indique nada, pero si este libro se publicara en Colombia o lo leyera el querido y recordado Gabriel García Márquez estaría retorciéndose de la risa en su tumba. Ello nacería de un pequeño detalle: cuando en el país norteño utilizan esa palabra están haciendo referencia a la parte púbica femenina. Los que hayan leído Crónica de una muerte anunciada recordarán estas palabras: “Me agarró toda la panocha —me dijo Divina Flor—. Era lo que hacía siempre cuando me encontraba sola por los rincones de la casa..”

Si bien me puedo jactar de mi buena memoria, mi gran amiga Roxana Ferreira es mi ayudamemoria… o sea que calculen ustedes cómo será. El otro día, le pedí confirmación a un recuerdo que pensé lo podía tener equivocado o tal vez idealizado por lo humorístico que podía resultar. Logré confirmar que no era así. Efectivamente, la imagen de un dibujo animado en blanco y negro cuando tendríamos alrededor de 9 años eran tan nítido en mi mente como ayer: un pez, una ducha y este, dándose un baño mientras una voz  nasal nos iba narrando una historia: La trucha Chucha cantando muy ducha se da un baño bajo la ducha y así, muy limpiecita la trucha en mención empezaba su día refrescada y feliz.

pez en ducha

La pobre no duró más de un par de días en la pantalla. Y así ocurre con decenas de nombres propios que han pasado por nuestras vidas dejando huellas de humor.

Hace algunos años leí un artículo sobre los problemas que surgían en la industria automotriz porque los nombres que les colocan a los modelos causaban incomodidad en ciertos mercados americanos. Por ejemplo, la camioneta Mitsubishi Pajero o el modelo que Toyota sacó al mercado norteamericano con el nombre de ISIS. Mmmm… creo no les encantó. Tuvieron a bien detener la exportación de dos marcas: Moko y otro, que de hecho hubiera resultado un fracaso: Puta.

Mi aplauso va a la valentía del Pez On que contra viento y marea llegó para quedarse y luchó su nombre con honor y dignidad, hace poco tiempo atrás. No como la pobre trucha que solo sobrevivió en la memoria de dos niñas.

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…alumbra lo que perdura

octubre 85

 
y el hogar se ve mejor, cuando hay fuego que lo encienda
cuando hay leña que retenga tu mirada y mi voz.
Andrés Soto

¿Por qué te amo todavía?

Hoy amanezco con esta egoísta pregunta mientras contemplo tu sueño alterado por la tensión y los demonios interiores que a veces te esperan agazapados tras la puerta.

¿Por qué te amo todavía?

Y la respuesta me perturba el alma, me acaricia el corazón, me revolotea en el estómago y me asalta la culpa por los errores que se arrastran con los años.

Y yo te amo por tu capacidad de perdonarme, por tus principios principistas, porque después de tenerte como marido por veintiocho años y otros más de compañero de aventuras veo entre risas y resignación que mis ganas de cambiar algo de ti no lograron nada y que en todo caso, fue el tiempo el que nos cambió a ambos.

Y yo te amo todavía porque vuelvo a confirmar cada día que tu mano sigue extendida y que pase lo que pase, haya pasado lo que haya pasado estás dispuesto a levantarme.

Y yo te amo todavía, porque me guapeas, me sacudes, y al hacerlo me quitas la carga inútil que suelo echarme encima. Descargas pues, de mis hombros, lo que no suma y me ayudas justamente a acomodar en el alma lo valioso y permanente.

Y yo te amo todavía porque la magia no se ha perdido y sigo siendo huachafa o idealista por creer que el amor se reinventa cada día si seguimos reteniendo lo esencial, aquello que a veces el tiempo quiere arrebatarnos.

Y yo te amo todavía porque somos campeones para ver la vida con ironía, para compartir nuestras propias miserias, aunque tengamos miedo, aunque el corazón se arrugue en la confesión de nuestros dolores más profundos, aunque temamos escuchar respuestas a preguntas que tal vez no deberían hacerse.

Y yo te amo todavía porque hablamos de la mentira, de la traición, de la  muerte, cuando estas nos rondan, cuando las vemos de lejos, cuando las esquivamos, cuando las sufrimos.

Y yo te amo todavía porque reímos, y reímos, y nos miramos a los ojos y seguimos riendo. Y miramos a nuestros hijos y seguimos riendo.

Y yo te amo todavía porque me pregunto cada día:

-¿Por qué me amas todavía?

 

 

Nada más claro

nada más claro

Una de las cosas que más recuerdo de mi mamá es que cuando yo lloraba de niña lo primero que me decía era que tomara un vaso de agua, y muy pronta tenía uno en mano para calma mi llanto. Era raro que tomara un sorbo, se me atracaba en la garganta y el vaso quedaba ahí abandonado después de que la tormenta hubiera pasado. Al convertirme en madre, vi en el famoso vaso de agua la sabiduría de la calma: el llanto se corta, el niño enjuga sus lágrimas, se come los mocos, sigue llorando y su cuerpo le pide el agua perdida que ha salido de esos ojitos con toda la fuerza de su corazón. Aunque a veces, las madres tenemos ganas de  llorar por ellos, o “matar ” a quien lo ha hecho sufrir… no hay nada mejor (para ambos) que un vaso de agua.

Leía el otro día un libro sensible, juguetón, que me envolvió…como suele hacerlo la narrativa de Héctor Abad Faciolince y recordé varias de esas lágrimas mas no las causas de ellas.

Esa tendencia a traicionar, a mentir y a ser perfectamente franca. A esconderte o a mostrar mucho. Ese cuidado de cuidarte tanto para acabar narrando tu historia, tu verdad con pelos y señales a un desconocido. Esas ganas de huir, de salir corriendo cuando alguien nuestra que empieza a conocerte, aunque no te reveles. Ese vértigo de quedarse. Esa indomable ser de alguien y de no estar con nadie. De envolver las caricias en palabras. Esas ganas de cambiar sin renunciar a nada. Esa hambre de imposibles. ¿Cómo pensar en esa confusión contradictoria? Es verdad y mentida, está bien y está mal y  no hay salida.

Nada qué hacer. Tómate un vaso de agua.

de: Tratado de culinaria para mujeres tristes

Gracias madre, gracias por hacerme un guiño a través de esas líneas. Qué mejor recuerdo en días cercanos a tu cumpleaños.