Archivos Mensuales: julio 2016

Medea, la vengativa

Medea John Becker

Máscara, John Becker

Uno de los personajes femeninos más apasionados e intensos de la tragedia griega es Medea.  Ella se enamora de Jasón y lo ayuda a obtener el Vellocino de oro. Se casa con él, es feliz pero luego él la abandona por otra mujer. Ella monta en cólera y en venganza mata a los hijos que tuvieron. Muchos dirán que Medea estaba loca, que como era una maga/bruja su espíritu ya era retorcido y que por lo tanto no llama la atención el tremendo crimen que comete solo con el fin de hacer sufrir al marido que la deja.

Al inicio de la obra, suelta estas categóricas palabras: ¡Hijos malditos de funesta madre: que perezcáis con nuestro padre: que todo su linaje sea exterminado!

Es decir: él está muerto para mí, y por lo tanto… ustedes también lo están.

Cuando la injuria que recibe afecta a su tálamo conyugal, no hay nadie más cruel que una mujer.

¿Sorprende?

Medea es un personaje clásico, un personaje que, aparentemente,  solo pertenece a la mitología griega y esconde un esencia que generación tras generación se ha ido acomodando en el alma de algunas mujeres despechadas quienes, sin llegar al crimen sangriento, hacen todo lo posible por buscar una revancha para su despecho utilizando a sus propios  hijos cueste lo que cueste.

Reflexiono la atroz maldad que he de cometer: mataré a mis hijos, nadie me los arrebatará, y después que arruine el palacio de Jasón, me iré de aquí y expiaré  en el destierro la muerte de seres tan queridos…

¿Las mujeres somos, generalizando, vengativas por naturaleza al sentirnos desplazadas por otra mujer? Más de un lector pensará que en la actualidad ninguna mataría a sus hijos en una actitud revanchista. Sin embargo, qué hay con aquellas que los envenenan con sus comentarios, buscando caricaturizar o desdibujar la imagen de aquel hombre que sin bien, le ha causado un daño terrible no ha faltado a su deber paternal. Mira lo que me ha hecho tu padre, mira qué mal padre es; es un desgraciado; es un irresponsable; malo, malo malo;  Busca consciente o inconscientemente quebrar la relación paterno-filial y en esta dinámica supuestamente es la madre la que gana. Logra que el hijo muera para el padre, corta el puente, rompe vínculos.

No los mató tu mano, pero sí tu injusticia y tu segundo matrimonio.

Antes que alguien reclame, por favor, no todas las mujeres que viven una situación así son Medeas en la historia. Yo misma aclaro que soy hija de madre divorciada quien pasó por una vivencia similar y jamás escuché de su boca un comentario envenenado en contra de mi padre. Sin embargo, sí tuvo varias amigas que hicieron de coro y buscaban intoxicarla más allá de su propio dolor, Medeas por mérito prestado. Jugaron un partido que no era el suyo, y no hicieron más que meterle zancadillas a su propia amiga.

Retomo una frase que he expuesto para terminar: supuestamente es la madre la que gana.

Ojo, la tragedia griega termina así: Medea huye con los cadáveres de sus hijos. Repito, cadáveres. Aquí todos pierden.

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Recordatorio de vida

lazo rosado

En las últimas semanas, y en realidad ya de manera recurrente, me rondan noticias en las que conocidas, vecinas, amigas, colegas, parientes, mujeres así de simple  están amenazadas por el cáncer de mama. Algunas, con mucho dolor, nos han dejado vencidas por este monstruo asqueroso que les arrebata la vida, que deja huérfanos a niños, que deja viudos inconsolables, amigas asustadas, hermanas angustiadas.

Otras, luchan en silencio con unos cojones dignos de destacar porque hacemos hasta lo último que la ciencia y nuestra valentía da para vencerlo. Y durante ese tiempo vivimos  con el riesgo de que este siempre nos haga una jugada maldita y decida cortar el hilo en complicidad con las antiguas Moiras.

La muerte siempre nos persigue, agazapada a veces en un lugar contradictorio. Y desde luego da miedo, da mucho miedo enfrentarla, darle cara.

Dije lugar contradictorio. El cáncer de mama se deposita en uno de los lugares más sensuales que tiene el cuerpo de las mujeres donde incluso algunos dirán que reside justamente su femineidad, su atractivo. Pero así de irónica es la vida y muchas veces para sobrevivir, tenemos que llevar dignamente un cuerpo mutilado como señal de guerra, como señal de victoria. Vivir como unas reales amazonas que se extirpaban un seno para manejar mejor el arco y la flecha.

El cáncer de seno se mete en dos fuentes maravillosas de vida, esas dos lunas rebosantes de leche que la sabia naturaleza nos regala para amamantar a nuestros hijos, para continuar dándoles vida sana más allá de los nueve meses de gestación. Dos lunas llenas que siguen produciendo el alimento más sano que una madre puede darle a un hijo e incluso, si una compañera no puede hacerlo… tal vez hasta nos da para alimentar al bebé de una amiga. Doy fe, yo recibí leche materna de una compañera de sala de partos de mi madre cuando ella por motivos de salud no podía hacerlo.

Yo tengo tres cicatrices, mi amiga N tiene dos, mi amiga G tiene solo un seno, P no tiene ninguno de los dos, la gran R perdió a su madre muy joven y ella ha luchado con uñas y dientes para quedarse dando la guerra, mi vecina M murió vencida, mi tía G perdió la batalla, C sigue amando a sus hijos y a su marido viva y feliz, mi amiga M tiene dos niños y ya ha pasado por más de una cirugía confundida y atemorizada. La veinteañera D va a su quimioterapia valiente y luchadora. L está arrancando su lucha hoy. Ellas, tú, yo, un gran NOSOTRAS.

Conviértete en tu propia aliada contra el cáncer de mama, hazte una mamografía todos los años. Revísate los senos, tócate sin miedo, no te asustes, no lo niegues, pregunta todo lo que te provoque, anda al médico, confía en él, confía, comparte, todas somos un gran NOSOTRAS, sé mujer, sé valiente, se consciente, carga con tu miedo, llora, desármate y vuélvete a armar… porque si el monstruo llega que te encuentre bien parada en la cancha: informada y dura de matar.

Se prenden luces

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Desde los 19 años he vivido la experiencia de trabajar frente a un grupo de estudiantes y hacer lo posible por compartir algo de mi conocimiento. Siempre pienso en Luis Jaime (Cisneros) que me guió o mejor dicho, me empujó a perder el miedo, a saber modular mi voz, a leer bien, a usar la pizarra, a captar la atención.

Trato de escribir todos los años alguna reflexión sobre lo que significa ser profesor, sobre la poca valoración que recibe la carrera, sobre la pasión y el compromiso que ello supone. El tema da para más, siempre hay algo por decir.

Muchos profesores se sienten desmotivados por varias razones como los sueldos, las relaciones laborales, el descuido de los directivos, la poca preocupación que existe de su estado emocional… porque vamos, hay que reconocer que la atención se centra en el alumno, sus padres, las capacitaciones, los plazos de entrega, pero son pocos los que toman en cuenta lo que pasa en los corazones de los profesores.

Hay que motivarse con la sonrisa de los chicos, su confianza, sus gestos. Es lo esencial.

Por eso, dejar la vida en la cancha y ver que funciona es lo que realmente da vida al alma, especialmente cuando el resto es silencio. No hay mejor momento para un profesor que ver en los ojos de su alumno que las luces se prenden. Ese instante es mágico y misterioso: la chispa encendida. Gozo en el corazón cuando uno se da cuenta que lo que dices y lo que tu estudiante recibe explotan creativamente en el universo del aprendizaje.

Hoy tengo trabajo con chicos ya no tan chicos, adultos que joven corazón que quieren seguir aprendiendo, que no han perdido la curiosidad y sobre todo -cosa que me encanta- mantienen la capacidad de asombro. Adultos que con toda la sabiduría que llevan por el kilometraje recorrido me transmiten con su mirada, sus preguntas, sus intervenciones y sus bromas que el placer de enseñar es realmente eso: un disfrute.

¡Buen día colegas! Miren a su alrededor y siéntanse satisfechos porque sí se “hace camino al andar”. Sigamos prendiendo luces.