Archivos Mensuales: junio 2016

María y Juan, de compras

centro comercial

Antes de empezar a escribir este post, quiero aclarar que estas reflexiones se basan en la observación detenida de cualquier pareja escogida al azar, un día que fui sola de compras.

Si bien es cierto, cualquier Juan que lea esto o cualquier María, puede sentir cierta identificación total o parcial de la situación. Sin embargo, puede que tengan otro modus operandi o ello se regule de acuerdo a la tienda o a lo que se compre. Las escenas que presento ante ustedes son promedio.

María va a hacer compras y convence a Juan de que la acompañe “un ratito” nada más. Primera ingenuidad. Aquí, los ratitos ya no existen. Ya sea por el tráfico, por la cantidad de gente que siempre está en las tiendas, o porque a pesar de que hay cuatro cajas registradoras juntas solamente atienden en una. ¿Me equivoco? ¿Alguna vez han tenido el privilegio de ver operativas todas las cajas a la vez? Muy peruano eso de ratito, momentito, segundito, apuradito…Me encanta.

a) Si van a una tienda por departamentos puede ocurrir que María tenga alguna idea de lo que quiere comprar. Pero sumamos la segunda ingenuidad: antes de llegar a su objetivo, se le cruzan otros objetivos no contemplados en su plan de acción. Una blusa más, otro color de polo, un pantalón por siaca, unos calzones que están de oferta. Surge la pregunta interna ¿qué vine a comprar? Perdón, ¿ y Juan? ¿dónde está Juan? Juan anda parado en un rincón, mudo, obnubilado por las innumerables escenas dubitativas de María en las que le pregunta con tono lastimero: ¿me queda bien? ¿amor, lo compro? Y él, con un gesto innato de resignación le dirá: claro… si te gusta…Tercera ingenuidad: aquí no hay anuencia, no hay aceptación. Solo hay que leer entre líneas e interpretar: para qué &%%$& me vine acá…o apúrate….o para mí todos son iguales…..o le queda como el pedo, pero cómo se lo digo.

Mientras que ella sigue decidiendo, Juan  acude a su salvavidas: el celular, se queda en pausa contemplando la pantalla. Cuando se cansa, puede que encuentre a otro Juan en su misma posición y cruzan miradas con una sonrisa solidaria de dos desconocidos que se encuentran bajo la tormenta y sin paraguas.

b) Si van a un supermercado. Aquí la cosa cambia. Juan toma por asalto el carrito de compras y NO LO SUELTA!!! Es el cetro de su poder.

Es el mismo poder de Gracecole: https://www.youtube.com/watch?v=3E9NLREnR-0.

No importa qué haga, con quién se encuentre, a quien salude, qué se detenga a escoger: el carrito es suyo y solo suyo. María tiene que ir al punto de encuentro, carga pechugas (las del pollo), jamón, queso, pan, deja en el carrito; va por la lejía, el detergente y busca a Juan… y al carrito para seguir caminando tras ellos . Un solo ser. Dos manos aferradas a un mango rojo como su corazón.

María ve a lo lejos a este ser híbrido casi mitológico.  En su mente visualiza la imagen de un centauro, un solo ser: mitad hombre/mitad….carrito de compras.

3d human in a shopping trolley

imagen de “juego de compras”

 

 

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Zumbando, para empezar la semana sonriendo

Hace un tiempo atrás nos matriculamos con dos grandes amigas en una academia de Zumba. La idea era hacer ejercicio, mover el esqueleto, pasarla bien y  -cito a ME- conocer los ritmos modernos.

Dicho lo anterior, efectivamente todo marchó viento en popa. El profe 20 puntos, el ambiente es muy entretenido, se nos ejercita hasta el dedo chiquito del pie y escuchamos música bastante actual.

El taxi y no Uber.

El romance empezó cuando en la primera clase pusieron “El taxi”. Antes la había escuchado cuando trabajaba en el colegio y mis alumnos la compartieron conmigo. Ahora, no solo la “zumbaba” clase tras clase sino que además el profesor le agregaba un poco de coreografía al asunto.

Las primeras sesiones fueron un poco complicadas como suele suceder, dado que nuestro profe Ernesto es un capo como coreógrafo,  va con pasos marcados y cuando él iba para la derecha, obviamente nosotras íbamos para la izquierda.

La primera vez que sonó  “El totó” llegamos a la mitad de la canción, la cintura hacía todo lo posible por hacer los movimientos esperados y dignos de tremenda obra musical, pero parecía tener vida propia y terminaba haciendo lo que le daba la gana. Mientras que  T, agotada solo decía: ¡¡mis respetos a Yahaira, mis respetos a Yahaira!!!

Me encanta esta versión

Luego vino el gran Chevo con Métela/ Sácala, la pierna por si acaso. Modernísimas nosotras que encima nos aprendemos la letra con mucho ahínco. Ya las coreografías y los pasos los manejamos bastante bien.

Por si se animan a escucharla.

Pero el otro día nuestro profe no pudo dar la clase y lo reemplazó una instructora joven. Entre nos, una chiquilla. Creo que pensó que sus alumnas también lo eran -confieso que el promedio de edad debe ser de unas cuarenta primaveras, casi otoñales- porque nos puso la valla bien alta: nos inyectó una dosis bien power de ritmos que nos alteraron el metabolismo.

Arrancó con una cumbia villera bien pegajosa que tres semanas después no me la podía quitar por la cabeza. Llegué a mi casa jurando que la cantaba Selena, traté de googlearla pero solo recordaba la palabra latino y algo de bombón. Buscaba “Selena bombón”, entonces me llevaba a Bom bom de Selena y obviamente, era otra canción. Lo más probable, mis queridos lectores, es que ustedes con esos datos ya tengan la solución a mi adivinanza, pero yo me demoré en llegar a Alma Bella y su Bombón asesino. HERMOSAS!

Entonces la clase se movió en torno a Candy-perro: tiene cara de santa/ es tremenda malcriada/ se escapa con Peligro/ y su may no sabe nada. ¿¡¿¡¿¡Cómo les explico?¡?¡?¡?¡? Yo trataba de seguir los pasos mientras que estaba anonada con la letra y recordaba a Candy y Anthony. Ese video me niego a ponerlo.

Solo les digo que después de seis meses  mis amigas ( y las nuevas)  y yo tenemos un mix mental en el que manejamos un taxi, sacamos y metemos la pierna, movemos el totó, pensamos en  el perreo de Candy y su licenciosa vida y por último, para recuperar calorías buscamos un bombón asesino.

Para que se les pegue.

Siento náuseas

Hace unos meses atrás escribí un post de “No quiero que mis hijos salgan a la calle”.

Ahora, siento náuseas.

La calle ya no solo es peligrosa, la calle tiene olor a muerte.  Y lo peor de todo, es que la mano que corta la vida plena es intolerante, desquiciada, enferma… No pienso solo en el loco que jala el gatillo. Pienso en una sociedad que está enferma,  intoxicada por prejuicios y como diría una gran canción, sufrimos de “estrechez de corazón”.

Siento náuseas, porque hay padres que inoculan la cerrazón de espíritu. Escuelas que etiquetan al amor como pecado, al cuerpo como inmundo, a la solidaridad como asquerosa complicidad.

Siento náuseas porque hablamos de discotecas  “gays”, grupos homosexuales, parejas “del mismo sexo”, cuando bastaría únicamente decir: discotecas, grupos y parejas.

Ojo que en la prensa escrita, televisiva y radial se usa mucho esta terminología. Y repetimos lo mismo como autómatas.

Siento náuseas porque yo no soy “straight” soy CLAUDIA. Soy humana, soy sensible, soy acertada y soy equivocada. Amo y me aman, me joden y jodo. No soy homo- hetero- bi- lesbi- o lo que mierda quieran. Soy CLAUDIA y mis hijos tiene un solo nombre: seres humanos.

Siento náuseas porque ya me harte del odio, de ver narices levantadas porque todo pasa allá, lejos de aquí… cuando aquí es ahora y a nuestro alrededor.

Siento náuseas porque nos estamos yendo al hoyo simplemente por culpa de nuestras propias inseguridades, egoísmo y deshumanización.

¿De qué evolución estamos hablando? Si caminamos a pasos agigantados a la animalización de la sociedad…. No lo sé, no lo sé.

Hoy siento náuseas, solamente.