La medida de la vida

esqueleto estatura

En los tiempos turbulentos que vivimos hemos visto lo importante y fundamental que es la honestidad en la “Hoja de vida” o CV. Las personas se atribuyen títulos que no tienen, obras que son ajenas, logros académicos, membresías sin pertenencia alguna. Confieso que he distorsionado la verdad sobre mí misma alguna vez, pero tuve por cómplice a un funcionario allá por el año 1981.

Había cumplido 18 años, tenía que sacar la Libreta Electoral, documento de cartón de tres cuerpos que en ese entonces consignaba tus datos personales y que con el tiempo se convertiría en el DNI azul que tenemos todos los ciudadanos mayores de edad.

Libreta electoral

El documento se llenaba a mano. En los datos que debían tener registrados había uno en especial que me angustiaba: ¡estatura! ¡Pucha! Eso significaba que la medida que colocara dicho registrador iba a marcar mi vida Forever  21, 31,41,51…forever!!!!!

En ese entonces, el documento que te servía como confirmación de tus datos era tu Libreta Militar. Efectivamente, luego de 12 años de dictadura nos habíamos visto obligados a registrarnos en alguna de las tres instituciones que defienden al país: Marina, Aeronáutica y Ejército. Refrescando la memoria, llegué placé a la inscripción en la Marina y lo hice en la Fuerzas Aéreas… total: era miope, chata, pero me gustaba volar (en el sentido estricto del término, por favor). Ese documento lo había sacado en 1979 y tenía consignado lapidariamente: Estatura: 1.44 mts

Escudo_de_armas_FAP

¡Ni cagando!, pensé. Ni cagando voy a decirle a este pata que ponga esa cantidad de centímetros en un documento que determinará mi vida ciudadana para siempre: ciento cuarenta y cuatro centímetros!!!! No hay forma. Ni con tacos me dejaban entrar al cine porque pensaban que tenía 13 años! Tienen que entenderme!

Mientras leía cachosamente los datos que yo le entregaba, el registrador me preguntó: ¿estatura?. De lo profundo del corazón me salió inmediatamente la siguiente respuesta: ¡Le juro que he crecido! ¡Le juro que he crecido! Esa medida tiene dos años de antigüedad y este año he dado tal estirón que usted ni se imagina.

El pata soltó la carcajada. No sé si habrá sido mi capacidad de convencimiento, o mi cara de Hush Puppie, pero en ese santiamén pasé a medir 1.51 mts. Dignidad.

Cómo es la vida… les juro que desde ese entonces no me he vuelto a medir. Sin embargo, hace mucho tiempo dejó de importarme, uno ya no tiene 18 años y de hecho soy recontrafeliz con mi estatura y más orgullosa que lo he transmitido en mis genes (si bien Cortés hizo lo suyo).

Dicen  por ahí que con los embarazos uno crece, tuve dos o sea que de hecho debo haber pasado el metro y medio. Pero también dicen que con la edad uno se va achicando: ¡joder! Todo es Karma en esta vida.

minion

 

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Un poema para compartir

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Inauguro con esta sección la idea de compartir de vez en cuando textos pequeños que tal vez no tengan oportunidad de leer y que de alguna manera los lleve a recuperar el gusto por la poesía.

De Mario Benedetti:

El autor no lo hizo para mí/ yo tampoco

Lo leo para él/ yo y el libro

Nos precisamos mutuamente/ somos

Una pareja despareja/

 El libro tiene ojos tacto olfato

Hace preguntas y hace señas

Puede ser una esponja que me absorbe

O un interlocutor vacío de prejuicios

 El libro y yo tenemos un pasado

En común/ con frutales seducciones

Yo a veces le confisco a Madame Bovary

Y él me despoja de Ana Karenina

Si nos empalagamos de esos amores yertos

ya somos otros y nos reconciliamos

 el libro me provoca/ me arranca confesiones

y yo le escribo notas en los márgenes

es una relación casi incestuosa

nos conocemos tanto que no nos aburrimos

él me describe cielos incendiados

y yo se los extingo con lágrimas marina

 no lo hizo para mí/ ¿será por eso

que el rostro no me importa? / es un enigma/

yo sólo quiero descifrar el libro

y quedarme en su vida hasta mañana

 

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Nombres propios

Los seres humanos tenemos códigos que muchas veces son amicales, familiares, locales, regionales, así podemos observar que algunos de ellos tienen una fuerte influencia en la comunicación lingüística (y no lingüística).

En ese escenario pienso en ciertas palabras que son políticamente incorrectas pero que no están consignadas como tales en los diccionarios. A lo más se identifican como “americanismos” por ejemplo y todos los –ismos que corresponden a los diferentes países.

He escrito en ocasiones anteriores sobre los términos que utilizamos para llamar a ciertas partes del cuerpo, en vez de usar las correctas que en muchos casos las personas tenemos resistencia de pronunciarlas. Esto quizás por pudor, por tabú, o simplemente por convencionalismos que perteneces a tuna tradición ancestral de nuestras comunidades.

Hace poco me pasaron esta hermosa imagen que se había publicado en Facebook.

panocha

Tal vez este nombre propio a ustedes no les indique nada, pero si este libro se publicara en Colombia o lo leyera el querido y recordado Gabriel García Márquez estaría retorciéndose de la risa en su tumba. Ello nacería de un pequeño detalle: cuando en el país norteño utilizan esa palabra están haciendo referencia a la parte púbica femenina. Los que hayan leído Crónica de una muerte anunciada recordarán estas palabras: “Me agarró toda la panocha —me dijo Divina Flor—. Era lo que hacía siempre cuando me encontraba sola por los rincones de la casa..”

Si bien me puedo jactar de mi buena memoria, mi gran amiga Roxana Ferreira es mi ayudamemoria… o sea que calculen ustedes cómo será. El otro día, le pedí confirmación a un recuerdo que pensé lo podía tener equivocado o tal vez idealizado por lo humorístico que podía resultar. Logré confirmar que no era así. Efectivamente, la imagen de un dibujo animado en blanco y negro cuando tendríamos alrededor de 9 años eran tan nítido en mi mente como ayer: un pez, una ducha y este, dándose un baño mientras una voz  nasal nos iba narrando una historia: La trucha Chucha cantando muy ducha se da un baño bajo la ducha y así, muy limpiecita la trucha en mención empezaba su día refrescada y feliz.

pez en ducha

La pobre no duró más de un par de días en la pantalla. Y así ocurre con decenas de nombres propios que han pasado por nuestras vidas dejando huellas de humor.

Hace algunos años leí un artículo sobre los problemas que surgían en la industria automotriz porque los nombres que les colocan a los modelos causaban incomodidad en ciertos mercados americanos. Por ejemplo, la camioneta Mitsubishi Pajero o el modelo que Toyota sacó al mercado norteamericano con el nombre de ISIS. Mmmm… creo no les encantó. Tuvieron a bien detener la exportación de dos marcas: Moko y otro, que de hecho hubiera resultado un fracaso: Puta.

Mi aplauso va a la valentía del Pez On que contra viento y marea llegó para quedarse y luchó su nombre con honor y dignidad, hace poco tiempo atrás. No como la pobre trucha que solo sobrevivió en la memoria de dos niñas.

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…alumbra lo que perdura

octubre 85

 
y el hogar se ve mejor, cuando hay fuego que lo encienda
cuando hay leña que retenga tu mirada y mi voz.
Andrés Soto

¿Por qué te amo todavía?

Hoy amanezco con esta egoísta pregunta mientras contemplo tu sueño alterado por la tensión y los demonios interiores que a veces te esperan agazapados tras la puerta.

¿Por qué te amo todavía?

Y la respuesta me perturba el alma, me acaricia el corazón, me revolotea en el estómago y me asalta la culpa por los errores que se arrastran con los años.

Y yo te amo por tu capacidad de perdonarme, por tus principios principistas, porque después de tenerte como marido por veintiocho años y otros más de compañero de aventuras veo entre risas y resignación que mis ganas de cambiar algo de ti no lograron nada y que en todo caso, fue el tiempo el que nos cambió a ambos.

Y yo te amo todavía porque vuelvo a confirmar cada día que tu mano sigue extendida y que pase lo que pase, haya pasado lo que haya pasado estás dispuesto a levantarme.

Y yo te amo todavía, porque me guapeas, me sacudes, y al hacerlo me quitas la carga inútil que suelo echarme encima. Descargas pues, de mis hombros, lo que no suma y me ayudas justamente a acomodar en el alma lo valioso y permanente.

Y yo te amo todavía porque la magia no se ha perdido y sigo siendo huachafa o idealista por creer que el amor se reinventa cada día si seguimos reteniendo lo esencial, aquello que a veces el tiempo quiere arrebatarnos.

Y yo te amo todavía porque somos campeones para ver la vida con ironía, para compartir nuestras propias miserias, aunque tengamos miedo, aunque el corazón se arrugue en la confesión de nuestros dolores más profundos, aunque temamos escuchar respuestas a preguntas que tal vez no deberían hacerse.

Y yo te amo todavía porque hablamos de la mentira, de la traición, de la  muerte, cuando estas nos rondan, cuando las vemos de lejos, cuando las esquivamos, cuando las sufrimos.

Y yo te amo todavía porque reímos, y reímos, y nos miramos a los ojos y seguimos riendo. Y miramos a nuestros hijos y seguimos riendo.

Y yo te amo todavía porque me pregunto cada día:

-¿Por qué me amas todavía?

 

 

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Nada más claro

nada más claro

Una de las cosas que más recuerdo de mi mamá es que cuando yo lloraba de niña lo primero que me decía era que tomara un vaso de agua, y muy pronta tenía uno en mano para calma mi llanto. Era raro que tomara un sorbo, se me atracaba en la garganta y el vaso quedaba ahí abandonado después de que la tormenta hubiera pasado. Al convertirme en madre, vi en el famoso vaso de agua la sabiduría de la calma: el llanto se corta, el niño enjuga sus lágrimas, se come los mocos, sigue llorando y su cuerpo le pide el agua perdida que ha salido de esos ojitos con toda la fuerza de su corazón. Aunque a veces, las madres tenemos ganas de  llorar por ellos, o “matar ” a quien lo ha hecho sufrir… no hay nada mejor (para ambos) que un vaso de agua.

Leía el otro día un libro sensible, juguetón, que me envolvió…como suele hacerlo la narrativa de Héctor Abad Faciolince y recordé varias de esas lágrimas mas no las causas de ellas.

Esa tendencia a traicionar, a mentir y a ser perfectamente franca. A esconderte o a mostrar mucho. Ese cuidado de cuidarte tanto para acabar narrando tu historia, tu verdad con pelos y señales a un desconocido. Esas ganas de huir, de salir corriendo cuando alguien nuestra que empieza a conocerte, aunque no te reveles. Ese vértigo de quedarse. Esa indomable ser de alguien y de no estar con nadie. De envolver las caricias en palabras. Esas ganas de cambiar sin renunciar a nada. Esa hambre de imposibles. ¿Cómo pensar en esa confusión contradictoria? Es verdad y mentida, está bien y está mal y  no hay salida.

Nada qué hacer. Tómate un vaso de agua.

de: Tratado de culinaria para mujeres tristes

Gracias madre, gracias por hacerme un guiño a través de esas líneas. Qué mejor recuerdo en días cercanos a tu cumpleaños.

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Medea, la vengativa

Medea John Becker

Máscara, John Becker

Uno de los personajes femeninos más apasionados e intensos de la tragedia griega es Medea.  Ella se enamora de Jasón y lo ayuda a obtener el Vellocino de oro. Se casa con él, es feliz pero luego él la abandona por otra mujer. Ella monta en cólera y en venganza mata a los hijos que tuvieron. Muchos dirán que Medea estaba loca, que como era una maga/bruja su espíritu ya era retorcido y que por lo tanto no llama la atención el tremendo crimen que comete solo con el fin de hacer sufrir al marido que la deja.

Al inicio de la obra, suelta estas categóricas palabras: ¡Hijos malditos de funesta madre: que perezcáis con nuestro padre: que todo su linaje sea exterminado!

Es decir: él está muerto para mí, y por lo tanto… ustedes también lo están.

Cuando la injuria que recibe afecta a su tálamo conyugal, no hay nadie más cruel que una mujer.

¿Sorprende?

Medea es un personaje clásico, un personaje que, aparentemente,  solo pertenece a la mitología griega y esconde un esencia que generación tras generación se ha ido acomodando en el alma de algunas mujeres despechadas quienes, sin llegar al crimen sangriento, hacen todo lo posible por buscar una revancha para su despecho utilizando a sus propios  hijos cueste lo que cueste.

Reflexiono la atroz maldad que he de cometer: mataré a mis hijos, nadie me los arrebatará, y después que arruine el palacio de Jasón, me iré de aquí y expiaré  en el destierro la muerte de seres tan queridos…

¿Las mujeres somos, generalizando, vengativas por naturaleza al sentirnos desplazadas por otra mujer? Más de un lector pensará que en la actualidad ninguna mataría a sus hijos en una actitud revanchista. Sin embargo, qué hay con aquellas que los envenenan con sus comentarios, buscando caricaturizar o desdibujar la imagen de aquel hombre que sin bien, le ha causado un daño terrible no ha faltado a su deber paternal. Mira lo que me ha hecho tu padre, mira qué mal padre es; es un desgraciado; es un irresponsable; malo, malo malo;  Busca consciente o inconscientemente quebrar la relación paterno-filial y en esta dinámica supuestamente es la madre la que gana. Logra que el hijo muera para el padre, corta el puente, rompe vínculos.

No los mató tu mano, pero sí tu injusticia y tu segundo matrimonio.

Antes que alguien reclame, por favor, no todas las mujeres que viven una situación así son Medeas en la historia. Yo misma aclaro que soy hija de madre divorciada quien pasó por una vivencia similar y jamás escuché de su boca un comentario envenenado en contra de mi padre. Sin embargo, sí tuvo varias amigas que hicieron de coro y buscaban intoxicarla más allá de su propio dolor, Medeas por mérito prestado. Jugaron un partido que no era el suyo, y no hicieron más que meterle zancadillas a su propia amiga.

Retomo una frase que he expuesto para terminar: supuestamente es la madre la que gana.

Ojo, la tragedia griega termina así: Medea huye con los cadáveres de sus hijos. Repito, cadáveres. Aquí todos pierden.

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Recordatorio de vida

lazo rosado

En las últimas semanas, y en realidad ya de manera recurrente, me rondan noticias en las que conocidas, vecinas, amigas, colegas, parientes, mujeres así de simple  están amenazadas por el cáncer de mama. Algunas, con mucho dolor, nos han dejado vencidas por este monstruo asqueroso que les arrebata la vida, que deja huérfanos a niños, que deja viudos inconsolables, amigas asustadas, hermanas angustiadas.

Otras, luchan en silencio con unos cojones dignos de destacar porque hacemos hasta lo último que la ciencia y nuestra valentía da para vencerlo. Y durante ese tiempo vivimos  con el riesgo de que este siempre nos haga una jugada maldita y decida cortar el hilo en complicidad con las antiguas Moiras.

La muerte siempre nos persigue, agazapada a veces en un lugar contradictorio. Y desde luego da miedo, da mucho miedo enfrentarla, darle cara.

Dije lugar contradictorio. El cáncer de mama se deposita en uno de los lugares más sensuales que tiene el cuerpo de las mujeres donde incluso algunos dirán que reside justamente su femineidad, su atractivo. Pero así de irónica es la vida y muchas veces para sobrevivir, tenemos que llevar dignamente un cuerpo mutilado como señal de guerra, como señal de victoria. Vivir como unas reales amazonas que se extirpaban un seno para manejar mejor el arco y la flecha.

El cáncer de seno se mete en dos fuentes maravillosas de vida, esas dos lunas rebosantes de leche que la sabia naturaleza nos regala para amamantar a nuestros hijos, para continuar dándoles vida sana más allá de los nueve meses de gestación. Dos lunas llenas que siguen produciendo el alimento más sano que una madre puede darle a un hijo e incluso, si una compañera no puede hacerlo… tal vez hasta nos da para alimentar al bebé de una amiga. Doy fe, yo recibí leche materna de una compañera de sala de partos de mi madre cuando ella por motivos de salud no podía hacerlo.

Yo tengo tres cicatrices, mi amiga N tiene dos, mi amiga G tiene solo un seno, P no tiene ninguno de los dos, la gran R perdió a su madre muy joven y ella ha luchado con uñas y dientes para quedarse dando la guerra, mi vecina M murió vencida, mi tía G perdió la batalla, C sigue amando a sus hijos y a su marido viva y feliz, mi amiga M tiene dos niños y ya ha pasado por más de una cirugía confundida y atemorizada. La veinteañera D va a su quimioterapia valiente y luchadora. L está arrancando su lucha hoy. Ellas, tú, yo, un gran NOSOTRAS.

Conviértete en tu propia aliada contra el cáncer de mama, hazte una mamografía todos los años. Revísate los senos, tócate sin miedo, no te asustes, no lo niegues, pregunta todo lo que te provoque, anda al médico, confía en él, confía, comparte, todas somos un gran NOSOTRAS, sé mujer, sé valiente, se consciente, carga con tu miedo, llora, desármate y vuélvete a armar… porque si el monstruo llega que te encuentre bien parada en la cancha: informada y dura de matar.

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Se prenden luces

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Desde los 19 años he vivido la experiencia de trabajar frente a un grupo de estudiantes y hacer lo posible por compartir algo de mi conocimiento. Siempre pienso en Luis Jaime (Cisneros) que me guió o mejor dicho, me empujó a perder el miedo, a saber modular mi voz, a leer bien, a usar la pizarra, a captar la atención.

Trato de escribir todos los años alguna reflexión sobre lo que significa ser profesor, sobre la poca valoración que recibe la carrera, sobre la pasión y el compromiso que ello supone. El tema da para más, siempre hay algo por decir.

Muchos profesores se sienten desmotivados por varias razones como los sueldos, las relaciones laborales, el descuido de los directivos, la poca preocupación que existe de su estado emocional… porque vamos, hay que reconocer que la atención se centra en el alumno, sus padres, las capacitaciones, los plazos de entrega, pero son pocos los que toman en cuenta lo que pasa en los corazones de los profesores.

Hay que motivarse con la sonrisa de los chicos, su confianza, sus gestos. Es lo esencial.

Por eso, dejar la vida en la cancha y ver que funciona es lo que realmente da vida al alma, especialmente cuando el resto es silencio. No hay mejor momento para un profesor que ver en los ojos de su alumno que las luces se prenden. Ese instante es mágico y misterioso: la chispa encendida. Gozo en el corazón cuando uno se da cuenta que lo que dices y lo que tu estudiante recibe explotan creativamente en el universo del aprendizaje.

Hoy tengo trabajo con chicos ya no tan chicos, adultos que joven corazón que quieren seguir aprendiendo, que no han perdido la curiosidad y sobre todo -cosa que me encanta- mantienen la capacidad de asombro. Adultos que con toda la sabiduría que llevan por el kilometraje recorrido me transmiten con su mirada, sus preguntas, sus intervenciones y sus bromas que el placer de enseñar es realmente eso: un disfrute.

¡Buen día colegas! Miren a su alrededor y siéntanse satisfechos porque sí se “hace camino al andar”. Sigamos prendiendo luces.

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María y Juan, de compras

centro comercial

Antes de empezar a escribir este post, quiero aclarar que estas reflexiones se basan en la observación detenida de cualquier pareja escogida al azar, un día que fui sola de compras.

Si bien es cierto, cualquier Juan que lea esto o cualquier María, puede sentir cierta identificación total o parcial de la situación. Sin embargo, puede que tengan otro modus operandi o ello se regule de acuerdo a la tienda o a lo que se compre. Las escenas que presento ante ustedes son promedio.

María va a hacer compras y convence a Juan de que la acompañe “un ratito” nada más. Primera ingenuidad. Aquí, los ratitos ya no existen. Ya sea por el tráfico, por la cantidad de gente que siempre está en las tiendas, o porque a pesar de que hay cuatro cajas registradoras juntas solamente atienden en una. ¿Me equivoco? ¿Alguna vez han tenido el privilegio de ver operativas todas las cajas a la vez? Muy peruano eso de ratito, momentito, segundito, apuradito…Me encanta.

a) Si van a una tienda por departamentos puede ocurrir que María tenga alguna idea de lo que quiere comprar. Pero sumamos la segunda ingenuidad: antes de llegar a su objetivo, se le cruzan otros objetivos no contemplados en su plan de acción. Una blusa más, otro color de polo, un pantalón por siaca, unos calzones que están de oferta. Surge la pregunta interna ¿qué vine a comprar? Perdón, ¿ y Juan? ¿dónde está Juan? Juan anda parado en un rincón, mudo, obnubilado por las innumerables escenas dubitativas de María en las que le pregunta con tono lastimero: ¿me queda bien? ¿amor, lo compro? Y él, con un gesto innato de resignación le dirá: claro… si te gusta…Tercera ingenuidad: aquí no hay anuencia, no hay aceptación. Solo hay que leer entre líneas e interpretar: para qué &%%$& me vine acá…o apúrate….o para mí todos son iguales…..o le queda como el pedo, pero cómo se lo digo.

Mientras que ella sigue decidiendo, Juan  acude a su salvavidas: el celular, se queda en pausa contemplando la pantalla. Cuando se cansa, puede que encuentre a otro Juan en su misma posición y cruzan miradas con una sonrisa solidaria de dos desconocidos que se encuentran bajo la tormenta y sin paraguas.

b) Si van a un supermercado. Aquí la cosa cambia. Juan toma por asalto el carrito de compras y NO LO SUELTA!!! Es el cetro de su poder.

Es el mismo poder de Gracecole: https://www.youtube.com/watch?v=3E9NLREnR-0.

No importa qué haga, con quién se encuentre, a quien salude, qué se detenga a escoger: el carrito es suyo y solo suyo. María tiene que ir al punto de encuentro, carga pechugas (las del pollo), jamón, queso, pan, deja en el carrito; va por la lejía, el detergente y busca a Juan… y al carrito para seguir caminando tras ellos . Un solo ser. Dos manos aferradas a un mango rojo como su corazón.

María ve a lo lejos a este ser híbrido casi mitológico.  En su mente visualiza la imagen de un centauro, un solo ser: mitad hombre/mitad….carrito de compras.

3d human in a shopping trolley

imagen de “juego de compras”

 

 

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Zumbando, para empezar la semana sonriendo

Hace un tiempo atrás nos matriculamos con dos grandes amigas en una academia de Zumba. La idea era hacer ejercicio, mover el esqueleto, pasarla bien y  -cito a ME- conocer los ritmos modernos.

Dicho lo anterior, efectivamente todo marchó viento en popa. El profe 20 puntos, el ambiente es muy entretenido, se nos ejercita hasta el dedo chiquito del pie y escuchamos música bastante actual.

El taxi y no Uber.

El romance empezó cuando en la primera clase pusieron “El taxi”. Antes la había escuchado cuando trabajaba en el colegio y mis alumnos la compartieron conmigo. Ahora, no solo la “zumbaba” clase tras clase sino que además el profesor le agregaba un poco de coreografía al asunto.

Las primeras sesiones fueron un poco complicadas como suele suceder, dado que nuestro profe Ernesto es un capo como coreógrafo,  va con pasos marcados y cuando él iba para la derecha, obviamente nosotras íbamos para la izquierda.

La primera vez que sonó  “El totó” llegamos a la mitad de la canción, la cintura hacía todo lo posible por hacer los movimientos esperados y dignos de tremenda obra musical, pero parecía tener vida propia y terminaba haciendo lo que le daba la gana. Mientras que  T, agotada solo decía: ¡¡mis respetos a Yahaira, mis respetos a Yahaira!!!

Me encanta esta versión

Luego vino el gran Chevo con Métela/ Sácala, la pierna por si acaso. Modernísimas nosotras que encima nos aprendemos la letra con mucho ahínco. Ya las coreografías y los pasos los manejamos bastante bien.

Por si se animan a escucharla.

Pero el otro día nuestro profe no pudo dar la clase y lo reemplazó una instructora joven. Entre nos, una chiquilla. Creo que pensó que sus alumnas también lo eran -confieso que el promedio de edad debe ser de unas cuarenta primaveras, casi otoñales- porque nos puso la valla bien alta: nos inyectó una dosis bien power de ritmos que nos alteraron el metabolismo.

Arrancó con una cumbia villera bien pegajosa que tres semanas después no me la podía quitar por la cabeza. Llegué a mi casa jurando que la cantaba Selena, traté de googlearla pero solo recordaba la palabra latino y algo de bombón. Buscaba “Selena bombón”, entonces me llevaba a Bom bom de Selena y obviamente, era otra canción. Lo más probable, mis queridos lectores, es que ustedes con esos datos ya tengan la solución a mi adivinanza, pero yo me demoré en llegar a Alma Bella y su Bombón asesino. HERMOSAS!

Entonces la clase se movió en torno a Candy-perro: tiene cara de santa/ es tremenda malcriada/ se escapa con Peligro/ y su may no sabe nada. ¿¡¿¡¿¡Cómo les explico?¡?¡?¡?¡? Yo trataba de seguir los pasos mientras que estaba anonada con la letra y recordaba a Candy y Anthony. Ese video me niego a ponerlo.

Solo les digo que después de seis meses  mis amigas ( y las nuevas)  y yo tenemos un mix mental en el que manejamos un taxi, sacamos y metemos la pierna, movemos el totó, pensamos en  el perreo de Candy y su licenciosa vida y por último, para recuperar calorías buscamos un bombón asesino.

Para que se les pegue.

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