…y se fueron veinticinco.

 

CHorri

Más de una vez me han dicho que escribo poco de ti. Comentan que suelo mencionar mucho a tu hermana y que no casi no te menciono en mis posts. La gente tiende a generalizar y por ello, no recuerda que los padres nos relacionamos diferente con cada hijo (y viceversa). Por eso, escribir sobre ella es una cosa y escribir sobre ti, es otra.

Pero hoy es un día especial y lo amerita; sin embargo,  no sé qué puedo decir y menos, ponerlo en palabras. El lenguaje me queda corto para expresar lo que siento y me basta verte cada día cuando me das un beso antes de irte a trabajar y antes de irte a dormir.

Hoy cumples veinticinco años, pero para mí, no ha pasado ni un segundo cuando recuerdo lo que costó que llegaras sano y salvo a mis manos, cuando una friísima tarde de julio apareciste de forma prematura, porque no veías las horas de salir al mundo que ya te esperaba. Llegaste a este mundo para decir: ¡ya llegué! ¡estoy aquí! El Chorri llegó.

Viniste intrépido, aventurero, rebelde, impetuoso, travieso (¡Dios mío!…). Era  imposible que pasaras desapercibido. Hoy, ese bebé inquieto eres tú;  ese niño que perseguía una pelota de fútbol, eres tú; ese adolescente que cuestionaba cada orden que yo daba, eres tú: ecce hommo.

Eres tú, porque tu luz interior no se ha perdido y más bien, ha ido creciendo en todos estos años.

Una luz que me ilumina cada día, una luz que nos conecta de manera invisible; una luz que nos hace ver la vida de otra manera, y en donde tú tienes la paciencia de explicarme una y otra vez cómo es el mundo para ti. Una luz que no se cansa de enseñarme que no me preocupe por detalles que no valen la pena, que las cosas se tienen que decir cuando se tienen que decir. Una luz que ilumina tu humor agudo que destella ante el común. Una luz que nunca dice que no cuando le pido un favor.

Ha pasado mucha agua bajo el puente, hijo, y he sido testigo de todos tus esfuerzos, tus frustraciones, tus travesuras y el proceso de convertirte en lo que eres con tus aciertos y caídas. Has aprendido tanto y creo que yo nada. Has podido marcar diferencias  y seguir tu instinto. A mí en cambio, a veces me ha costado entender cada paso que das.

Eres lo que eres, no impostas nada porque ya la vida trae demasiados impostores. Eres generoso con tus acciones y muy mesurado con tus palabras: para qué hablar si no se tiene nada que decir que valga la pena. Y no eres perfecto ni lo pretendes, porque imperfectos nos hace mucho más humanos.

Para mí, los veinticinco años se detienen en estos minutos que uso para escribirte; porque seguiré siendo esa madre temerosa del mundo, esa madre que por encima de todo quiere estar siempre a tu lado –aunque algún día no sea así-  y que cree ingenuamente que nunca te ha fallado.

He rescatado de una carta que te envié cuando tenías quince años estas palabras: ofrece tu pecho para parar los golpes que vengan, defiende tus ideas con uñas y dientes, lucha por lo que creas justo y sobre todo verdaderamente humano. Esa fuerza interior es lo que yo veo como madre que llevas por dentro. 

Hijo querido, sigue marcando la diferencia.

Te quiero.

Tu ma’ aquí o en cualquier lugar.

 

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Una aventura que sigue y prosigue

No puede existir una celebración por el Día del Maestro sin pensar en los estudiantes. Ellos son, en su esencia, la razón de ser del trabajo que se realiza.

En los últimos años tengo el privilegio de trabajar con alumnos de todas las edades. Los rangos van entre los diecinueve y los ochentaicuatro años. Podrán ustedes imaginar los temas de conversación, el intercambio de ideas, las risas, las confidencias que van surgiendo cada semana y el aprendizaje privilegiado que yo recibo cuando ellos comparten sus propias reflexiones. A ellos va mi agradecimiento y mi homenaje.

A veces pienso que realmente no sé si les enseño pero lo que sí creo es que los ayudo a re-conocer el mundo con otras herramientas. El placer de mi jornada laboral sigue teniendo ese mismo sabor disfrutado cuando he sido profesora en una academia, en una universidad o en un colegio.

Hace unas semanas atrás, con uno de los grupos,  desarrollé el tema del Vanguardismo y se me ocurrió hacer un ejercicio que resultó sumamente interesante.

Los invité a realizar un “cadáver exquisito”: un tipo de técnica/juego utilizada especialmente por los seguidores de André Breton en el que los jugadores escribían por turno en una hoja de papel. Luego la doblaban para cubrir lo que habían escrito  y  pasaban el papel al compañero. Cada uno empezaba una historia nueva, en total teníamos varios textos, en prosa y en verso.

En el Día del Maestro quisiera compartir con ustedes dos resultados espectaculares, escrito a seis manos. Insisto e insistiré siempre, que la mayor felicidad de un profesor consiste en ser testigo de los alcances de sus alumnos.

PRIMER CADÁVER -cada cambio de letra corresponde al cambio de mano-

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 SEGUNDO CADÁVER 

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Cuando el misterio se develó y leí los resultados no podíamos salir de nuestro asombro.  Decidimos que estos dos eran los ganadores del ejercicio colectivo. Un gran experimento, dos cadáveres recontra exquisitos, un deleite del que hasta Breton habría disfrutado.

Gracias queridos alumnos porque semana a semana me siguen permitiendo compartir.

Gracias porque dan sentido a mi vocación.

Nada ni nadie ha podido empañar lo logrado. En algunos meses cumpliré treintaicinco años en este camino y todavía siento mariposas en el estómago antes de empezar cada sesión. Por eso, celebro con todos ustedes el seguir regocijándome con esta aventura de ida y vuelta: enseñar y aprender.

¡Hagamos grupo!

wassap

Aunque sé que a algunos lectores puedan sentirse afectados por mi reflexión, no puedo dejar de mencionar mi sentir frente a los grupos de “wassap”. Pero es que la verdad, a veces se puede convertir en un tema que se escapa de las manos.

Normalmente los grupos de mensajería instantánea suelen crearse con un fin específico: organizar un evento, mantener comunicación abierta con miembros de la familia o amigos, compañeros de estudios, colegas de trabajo, organizar una celebración o simplemente comprar un regalo, entre otros motivos que tengo en mente.

Si es por un tema específico, queda claro que una vez alcanzado el objetivo uno tendría todo el derecho a salirse del grupo sin mayor trámite ni dilación. No obstante y por razones del mismo sistema aparece un mensaje quasi aterrador: Fulano ha salido del grupo.

¡Dios mío! Eso puede convertirse en una cachetada para los que se quedan, o sembrar la preocupación en el resto de los miembros, o que alguien se pique y se sienta ofendidísimo. Es casi como una afrenta del medioevo. ¡Ah pucha! Si Zutana se salió, nos desprecia! ¡No quiere parar con nosotros! Igual se hubiera quedado, para lo mucho que comenta…. Seguro que nunca lee nuestros mensajes o sea que da igual… y un largo etcétera.

Pero es que la gente a veces “se malea” con el uso de los mensajes en grupo. Si la idea era ir a almorzar por algún motivo -el wassap sirve para las coordinaciones-  y una vez pasada la fecha sigo recibiendo varios mensajes y en estos abundan los chistes, los memes, las cadenas de oración, los videos que circulan por las redes (y te consumen la memoria del celular), las fotos del perrito de la abuelita del sobrino de tu cuñada que vive en Estrasburgo… pues a mí, “me vale madre” y me cansa. Luego, si es cumpleaños de alguno (y el grupo es medianamente numeroso) nos vamos a empujar varios mensajes con la misma cantaleta, y si se le muere un pariente… ni les digo!!! En verdad, mano al pecho señores, nadie puede tirar la primera piedra.

La operación de “Silenciar notificaciones durante…” no arregla nada, porque igual vas a recibirlos. Es un engaño.

salirse del grupo 2

Un grupo que resulta peligrosísimo es el de “Madres del colegio”. ¡¡¡¡Que Dios nos agarre confesados!!!! Suelen ser por lo menos unas veinte voces que intercambian información que varía desde las  tareas, los exámenes, los datitos, hasta meterle el raje al outfit de las profesoras. En verdad, os digo, uno ve de todo en las viñas del Señor.

O cuando a alguien se le ocurre meter en un solo grupo a todos sus contactos por temas de negocios o de mantener informados a todos, creyéndose San Martincito de Porres termina juntando a perro, pericote y gato, y la verdad me parece de mal gusto. En mi caso, en serio, tengo conocidos con los que no quiero hacer grupo.

salirse del grupo

Y la cosa puede complicarse, porque a veces, las personas que no son muy duchas en el manejo de la mensajería instantánea, o anda un poco distraída, confunde los mensajes y escribe algo en el grupo, que debería ir solo a un integrante de este.

De uno de los grupos que me salí ni bien me incluyeron fue el de mi promoción de colegio y lo digo públicamente, no es falta de cariño, te quiero con el alma, pero cuando vi el número de integrantes: 116 personas ¡¡entré en pánico!!

Que nadie se ofenda, razones sobran para salirse de un grupo y si alguien se quiere sentir ofendido, que sea, total… el que se fue, ya no se va a enterar.

Respuesta a una hija viajera

 

hija viajera 1

Mi hija está de viaje a miles, MILES de kilómetros de distancia y resalto que ha pasado un par de jornadas en una zona considerada peligrosa -no puede salir a caminar ni en las cercanías del hospedaje- y yo, desde luego, inquieta.

Hace un tiempo atrás nos escribió una carta porque ella sentía que nosotros -sus padres- reflejábamos poco entusiasmo por sus viajes, sin tomar en cuenta que en nuestros corazones la ecuación iba así: primero viene la angustia y luego el entusiasmo. En los tiempos que se viven y con la información que se comparte sobre la violencia de género, los abusos, los secuestros, la trata de blancas, etcétera nos es fácil ser padres de una hija viajera y andar “fresh” por la vida:  ¡¡es complicado, joder!! ¡¡mi marido nos es Liam Neeson, pe!!!

Comparto con ustedes mi descargo, porque en mi casa, el medio escrito es una buena herramienta que hemos usado desde la infancia de los chicos, y sigue resultando.

………………………………………

Hija viajera querida:

Ser tus padres ha sido siempre un desafío, un orgullo, un deleite… pero a la vez, nos ha costado y nos cuesta enormemente –y seguro que es un tema universal con sus matices- cortar el cordón umbilical. No somos los únicos padres que son así, ahora ni en futuro.

Hija preciosa, somos extraordinariamente felices con tus viajes reales, con tus viajes intelectuales, con tus viajes emocionales, con tus viajes idealistas. Te lo hemos repetido siempre, estás hecha para volar.

Somos felices, pero no podemos evitar que el manto de sobre-protección aparezca como una barrera. ¿Lo hemos conversado con papi? Claro, hasta el cansancio, pero nos encontramos en un callejón sin salida, nuestro miedo a que te vaya a pasar algo enceguece nuestro entendimiento y efectivamente, nuestro entusiasmo. Nos volvemos torpes en la celebración de tu alegría.

La puerta del mundo está abierta de par en par y tú has salido con fuerza a tomar todo lo que te suma, a conocer nuevas culturas, a intercambiar conocimiento. Tú, tus amigas, tus compañeras y todas las chicas que hoy viajan sin miedos van por rincones que para nosotros nunca hubieran estado en nuestro horizonte a la edad que tienes.  Sé que también van con temores, pero su valentía se impone ante ellos. No obstante, disculpa la falta de entusiasmo,  no hemos estado preparados y te confieso, creo no estaremos.

Queda claro que nuestra hija viajera, como otras hijas viajeras, tiene pendiente cientos de sueños y destinos por alcanzar, porque ha dado rienda suelta a su espíritu intrépido  y lo confirma las grandes aventuras: escalar montañas, cruzar mares o enfrentarte ahora, a la ley de la calle o dormir en el medio de la selva rodeada de animales salvajes, periplos que has hecho y otros que están por venir. Pero recuerda, no hemos estado preparados y te confieso, creo no estaremos.

Por ello, no dejes de  enseñarnos, contagiarnos, inocularnos, compartirnos, no dejes de hacerlo. Aquilata los miedos y angustias con historias, fotos, anécdotas; recuerda, no hemos estado preparados, pero estamos aprendiendo a disimularlo bastante bien porque por sobre todas las cosas queremos ser pasajeros de tus viajes. 

Tus papás.

Seguramente muchos padres de ‘hijas viajeras’ leerán esta misiva y compartirán  algunos sentimientos: esa es la generación de mujeres que hemos criado y con mucho orgullo. Sin embargo, ser incoherente con lo que se predica y se siente, es natural. Así de complejos somos los padres.

pd1. Ya viene: Al desierto con Omar, texto pendiente desde el 2012!

Un gran familia, de palabra.

dav

A veces reflexiono sobre las palabras y el uso que le damos, ya sea de forma “correcta o incorrectamente” para comunicar lo que sentimos.

Se ha estudiado y escrito bastante sobre el sistema lingüístico, la norma y el habla que finalmente son términos científicos que contribuyen a investigar lo relativo al uso del lenguaje. No hay que estudiar una carrera vinculada a ese campo para detenernos por segundos pensando si escribimos bien o mal determinada palabra o si en un determinado contexto el uso de esta es aceptada (no digo que sea necesariamente correcto).

El lenguaje es, en su variedad, un campo riquísimo de para los giros, las familias de palabras, el uso de raíces, las modificaciones o simplemente dar rienda suelta a la pura creatividad.

Una palabra que siempre ha llamada mi atención es huevo y en español, tanto el vocablo como sus derivados enriquecen conversaciones  de todo talante. No sé a qué debe tanto requerimiento, ni el por qué del apego a esta palabra. Sin embargo, resulta interesante (y divertida)  darle una miradita al  crisol de posibilidades a los que seguimos abiertos de manera –repito- creativa.

Va la lista (tomar en cuenta la versión fonética y por ello verán que también uso la W)

Huevo: Cuerpo redondo u ovalado, con una membrana o cáscara exterior, que ponen las hembras de algunos animales y que contiene en su interior el embrión de un nuevo ser y el alimento necesario para que crezca. Lo ponen las aves, especialmente la gallina y se toma como alimento. (DRAE)

Huevos: tener coraje, vinculado originalmente a la masculinidad por similitud de la forma de los testículos.  Los jugadores dejan los huevos en la cancha. o Métele huevos al proyecto. 

Huevo: relación sexual. Confieso que me parece atroz cuando dicen que a una persona  le falta huevo. 

Un huevo: para referirnos a una cantidad enorme de elementos que conforman un conjunto. Tengo un huevo de trabajo. Agregamos el uso hiperbólico: Tengo un weeeeeeeeeeeeeeeeebo de cosas pendientes. Y económicamente Me debe un huevo de plata, o Vale un hueeeeeeeeeeeevo de dólares.

Huevear 1: término utilizado para definir el ocio, la pereza, el hacer nada. De ahí a rescatar: hueveo, webbing (navegando en internet). Hoy es domingo y voy a huevear todo el día.

Huevear 2: tratar de hacerse el vivo con alguien. ¿Me estás hueveando?

Huevas (webas): un zonzo. Las derivaciones de weberto, weber, las que destacan. Es tan webas que se le escapan las vacas.

Huevón: un zonzo elevado a la n potencia,  tal vez un pusilánime. ¡Eres un webón! o ¿tas webón?

Por las webas.  Hacer algo que no ha tenido ninguna trascendencia. ¿Me vas a decir que estudié toda la noche por las webas?

Hasta las webas: Estar un poco perdido en el universo o mal de salud. Estás hasta las webas con lo que acabas de hacer. / Me siento hasta las webas con esta fiebre. 

Wevada: algo sin valor, tontería. Déjate de webadas y dale una oportunidad.

Wong (que también podría entrar en nuestra relación) cierra con broche de oro con un producto que acaba de sacar. Les dejo la imagen.

dav

 

Pd. Eso de la familia de palabras me encanta; guardo en la memoria una anécdota ajena de un niño  de segundo grado que había armado una familia de palabras con la palabra goma: goma gomita, gomitar. 

Tal vez lo sepan, tal vez no.

 

bty

Todas las  madres vivimos a sobresaltos.

Confieso que desde que nacieron mis hijos (y en ambos casos)  lo primero que me invadió fue un miedo enorme de no saber qué cosa iba a hacer, una desazón que me llevaba a chequear si estaban respirando o el martilleo de la gran pregunta –sin respuesta- ¿por qué lloran? ¿Tendrá hambre, frío, dolor, angustia, necesidad de afecto? No quiero caer en los clichés contando las horas sin dormir y las lavadas de pañales (sí, recuerden que lavamos pañales), el destete, el hacer cola para comprar las latas de leche Gloria (sí, la leche en polvo era impagable).

Tal vez ellos lo sepan, tal vez no pero los primeros años pareciera que no se acababan nunca, caray!

La historia continuó con la aparición de la propia voluntad, cada hijo con la suya, cada niño con su carácter; a pesar de que la crianza es la misma (¿¿es la misma??), los resultados pueden ser diametralmente opuestos. Energías diferentes, respuestas diferentes, tiempos diferentes, desarrollos diferentes. Hablar, callar, gatear, trepar, andar, correr, saltar, tirarse, llorar, patalear, reír, reír, reír.

Tal vez ellos lo sepan, tal vez no, pero la risa de mis hijos siempre ha sido, es y será el mejor remedio para mi alma atribulada.

¿Dudas, miedos, ausencias, errores, desilusiones, culpas, culpas, la maldita culpa cuando he tomado decisiones desacertadas, he dicho algo que les ha dejado huella, he dado órdenes que configuraron su carácter para siempre, los he obligado a enfrentar la vida incluso  sin armas, los he sobre protegido en demasía en otras?

Tal vez ellos lo sepan, tal vez no, pero el amor no justifica todo lo que cabe en la pregunta anterior. El amor que guió mi mano para educarlos no siempre fue un buen lazarillo, a veces me abandonó en una insensata ceguera.

Tal vez ellos lo sepan, tal vez no, pero como toda madre de hijos adultos los sigo viendo como niños, mis niños.  Me he dado cuenta de que Gibran exageraba cuando decía que tus hijos son hijos de la vida… creo que me la creí:  estos hijos son míos señor Gibran (y de su padre, valgan verdades) pero convénzanme  usted de que son de la vida, si la Vida no los parió, si la Vida no los alimentó con dolor (maldita mastitis). No es un reclamo, don Kahlil, es una afirmación absoluta con el respeto que usted merece.

¿Acaso la Vida llora cuando ellos lloran, sufre cuando ellos se sacan la mierda, disfrutan cuando ellos alcanzan sus sueños, ama más la Vida cuando ellos tienen el corazón pleno? ¿Acaso la Vida les dice yo ya lo sabía, te lo dije, espero que ahora me entiendas,  por dónde andas, ayúdame, te pido un favorcito, te quiero…?

¿Acaso la Vida siente incertidumbre o calla cuando ellos toman decisiones y una se angustia en silencio o le entornan disimuladamente los ojos cuando les molesta alguno de  mis comentarios o desearon tener otra madre que no fuera yo? En casi veintiocho años de este quehacer cotidiano he pasado por esto, y creo que muchas madres también.

Tal vez ellos lo sepan, tal vez no.

Señor Gibran, estos hijos de su madre (y no de la vida)  y tal vez ellos lo sepan, tal vez no,  siguen siendo míos (bueno Juan Carlos, nuestros, pero asume que un poquito más míos que tuyos, lo siento pues creo que la gestación me da un plus en el asunto). Lo sé.

Los amo, los sufro, los aguanto, los cuido, los jorobo, los ayudo,  los “quiero matar”, los aliento, los malcrío, los molesto, los aplaudo, los agobio, los defiendo, los ahuyento, los atraigo, los alegro…

Ellos tal vez lo sepan, tal vez no.

 

Lo siento, mi niña

bty

Mi niña, lo siento. Pensé que te estaba criando para una sociedad igualitaria, democrática y en la que tu voz tuviera un espacio real.

Mi niña, lo siento. Creí que educarte como mujer conocedora de tus derechos y deberes, consciente de tu femineidad y orgullosa de ti misma sería suficiente para que te pararas en el mundo con fuerza propia.

Mi niña, lo siento. Soñé para ti hace más de dos décadas un ambiente más justo, donde todos respetaran los propios espacios, donde la igualdad fuera una bandera; la solidaridad, el escudo y el respeto, la escarapela.

Mi niña, lo siento. Imaginé un mundo menos violento, más moderno, más civilizado y que cuando caminaras libre por la calle lo hicieras con confianza.

Mi niña, lo siento. Mantuve en silencio mi miedo de mujer -expuesta al maldito abuso- , no quería heredártelos y por ello, que vivieras temerosa y rodeada de fantasmas agazapados en las esquinas, en los buses, en los festivales o inclusive, dentro de tu hogar.

Mi niña, lo siento. No quería para ti un nudo constante en el estómago, un vivir libre pero siempre con un “sin embargo”. Te lo juro, no quería.

Pero hoy, todo se hace evidente: no, no es una sociedad igualitaria;  si te paras con fuerza propia buscan tumbarte; la igualdad es una caricatura; lo civilizado es una quimera; los fantasmas han salido con rostros definidos y a veces, caminan en jaurías.

Te persiguen, te acosan, te queman, te gritan, te meten mano a su antojo, se hacen los “los locos”.

Mi niña, lo siento. Tienes que cuidarte tú sola, seguir usando tus propios mecanismos de defensa; usar el cerebro, el corazón, las uñas, la piel, las tripas, la vida.

Mi niña, lo siento. Siento que te he fallado, que no te di ese mundo con el que soñé. Fue una vana ilusión pensar que tus oportunidades de ser mujer serían mejores que las mías, ¿qué páso?

Mi niña, lo siento. Tú que lees, te informas, conoces la historia comprenderás que estamos caminando hacia atrás. La era del salvajismo no ha desaparecido. El mito del eterno retorno se hizo realidad.

Mi niña, lo siento. Si gritas eres una loca y corres el peligro de morir; si mantienes silencio le otorgas oportunidad a la maldad, a la mentira o peor aún, te arriesgas a que crean que estabas de acuerdo con la mierda que te estaban haciendo.

Mi niña, lo siento.